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sábado, 6 de junio de 2009

El vuelo de Ícaro


Yo mismo construí mis alas. Encerrado en mi viejo torreón miraba cada día el sol deseando tocarlo. Fui ungiendo en cera cada pluma, que previamente arrancaba a las palomas, cigüeñas y otras aves que osaban posarse entre mis jambas. Era un sacrificio necesario. En principio sufría con su muerte, pero poco a poco fui encontrando placer a aquel segundo de tortura. Retorcía su pescuezo con un movimiento seco, frío, y el leve sonido de su vida esfumándose me originaba un orgásmico deleite. Era necesario, tenía que tocar el sol. No me importaba destruir tanta belleza a cambio de poder tocar con mis dedos el mismo paraíso.

Medí milimétricamente cada ala. Calculé con aritmétrica precisión su envergadura, en proporción a mi cuerpo, para que pudiera sostenerlo y elevarse entre las nubes hasta llegar al sol.

Por fin llegó el día. Así las alas a mi espalda con la fuerte soga del campanario. Con dos pequeños cordones las até a mis manos para poder imitar el vuelo de los pájaros. Eché a correr y agité nerviosamente mis brazos. Comencé a caer. Mis movimientos arrítmicos y descompasados me impedían volar. Intenté tranquilizarme. Cerré los ojos y visioné el sueve movimiento de un ave del paraiso. Desplegué mis alas y remonté el vuelo.

Pasé por encima del torreón que acababa de abandonar. Con presunción y jactancia sobrevolé las plazas del pueblo, mostrando a todos mi bella envergadura alada. Miré fijamente al sol, aquel que desde niño había ansiado tocar, y dirigí mi vuelo hacia él.

Poco a poco sentí el calor de la cera derritiéndose por mi dorso. Iba ulcerando mi espalda con fuertes quemaduras que soporté convencido de que el objetivo compensaría con creces aquel dolor. Con los ojos clavados en el sol mi ceguera impidió que viera las plumas cayendo bajo mi sombra. Continué ascendiendo unos minutos y empecé a caer.

Mis ojos solo ven el suelo mientras caigo. Me quedan segundos de vida. Nunca debí ansiar el sol. Los hombres no sabemos volar.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Felicidades


Este año sí hay velas

No debería hacerlo y habrá muchos que no lo entiendan. Pero quiero felicitarte públicamente y que todos lo sepan. Quiero felicitarte por este cuarto de siglo. Por estos 25 años de madurez. Por estos 5 lustros de objetivos realizados, sueños vividos e ilusiones por vivir. Por este aniversario de felicidad y celebraciones.

Feliz 25 aniversario... estatuto de autonomía!

viernes, 7 de noviembre de 2008

viernes, 30 de mayo de 2008

El guía del Hermitage

Estaba desnudo, en pie, frente a una pared. hablaba en alto, describía tu cuerpo, palmo a palmo, centímetro a centímetro, beso a suspiro, caricia a ausencia. Imaginaba que estabas, como antes, y podía olerte, respirarte, sentirte, tomar con tus labios la temperatura de mi cuerpo, que ardía. Me enredaba en tus ojos y me reflejaba en tu cabello, ¿ridículo? Es mi imaginación, son mis sueños, mis ilusiones, mis pensamientos, son propiedad privada, por mucho que le moleste a Stalin.

Puedo verte, tenerte, sentirte, poseerte. Pareceré loco, pero viviré en ti hasta que esta demencia me arrastre. Vemos lo que amamos. Afortunadamente mi soledad no riñó con mi imaginación.

martes, 20 de mayo de 2008

Fuego purificador

No sabía realmente por qué había empezado por aquella factura. En un cenicero ardía una hoja, la número 13, de una amplia factura telefónica en la que obsesivamente se repetía una y otra vez el mismo número de teléfono. Una relación de 58 llamadas y 142 mensajes se iban consumiendo por las llamas, reduciéndose poco a poco en una fina capa primero azul, luego gris y finalmente negra, hasta desaparecer.

Miró el fondo del cenicero dónde acababa de arder aquella factura y pensó que se le quedaría pequeño. Fue a la cocina, cogió una ensaladera blanca de porcelana, dónde tantas veces había preparado su especialidad culinaria, y la llevó hasta el comedor, poniéndola en el centro de la mesa. Cogió el cenicero, aún caliente, lo que le produjo una leve quemazón en la yema de los dedos, y lo colocó dentro de la ensaladera.

Ya dentro quemó el resto de la factura, 22 páginas monopolizadas por la misma secuencia numérica. Abrió un cajón y sacó varios recuerdos que poco a poco fue introduciendo en la pira purificadora. Varias entradas de cine, alguna carta y tres o cuatro fotos impresas en folios que en su día había decidido rescatar del disco duro y darles vida sobre el papel. No solía hacerlo.

Ver arder las fotografías le dio una idea. Fue hasta el ordenador. Entró en la carpeta "mis documentos" y cortó cada archivo y cada fotografía para pegarlos en su pen-usb, el que tantas veces había portado documentos compartidos entre ambos.

Cuando no quedaban vestigios de ella en el ordenador, y hubo vaciado la papelera de reciclaje, cogió el dispositivo de almacenamiento electrónico y lo llevó a la pequeña hoguera, que tuvo que alimentar antes con varios libros para que se reavivara. Vio arder a García Márquez, a Carlos Ruiz Zafón y a Ken Follet antes de introducir el artefacto plástico entre las llamas. Contempló como se retorcía, se arrugaba y se convertía en una bola negra en la que solo se podía distinguir la pieza metálica que se conecta al ordenador.

Un humo gris ácido, penetrante y molesto, que empezaba a levantarle dolor de cabeza le recomendó continuar en la terraza. Cogió las manoplas del horno, levantó la ensaladera y la llevó hasta allí en una pequeña procesión que le recordó la ofrenda de las ancestrales vírgenes vestales. Se quitó las manoplas, pensó cuántas veces le habían ayudado a sacar del horno cenas para dos, y las arrojó a la hoguera.

Poco a poco fue acumulando objetos que ardían ya incluso fuera de la ensaladera. Varias películas en dvd, dos botellas de vino que a punto estuvieron de apagar el fuego, algunos cubiertos que apenas ardieron y algunas prendas pequeñas que lo hicieron con rapidez.

Sonó el timbre. Un agente de policía le señaló que los vecinos habían llamado alarmados por las llamas. Le dijo que había tenido un pequeño incidente con la lavadora, pero que ya estaba solucionado. El agente se marchó poco convencido y él decidió continuar fuera de casa.

Miró la terraza y aunque la ensaladera continuaba intacta, sólo parte de la pintura se había levantado en pequeñas ampollas, consideró que ya no le sería necesaria. La estrelló contra el suelo y metió los trozos en una bolsa de basura. Poco a poco fue llenando varios sacos higiénicos con distintos objetos, algunos vasos, unas sábanas, más libros, más películas de vídeo, e incluso el reproductor de DVD.

Fue bajando al coche las distintas bolsas que había ido llenando. Dio un primer viaje hasta un pequeño paraje en el campo donde habían pasado su primera noche juntos y las amontonó en el lugar exacto dónde aquel día había abrazado su cuerpo desnudo por primera vez.

Volvió a casa. Desmontó la cama y cargó en el coche el colchón y las distintas piezas que la componían. Arrastró hasta la calle el sillón, dos sillas y una mesa, que tuvo que despedazar para que cogieran en el vehículo.

Tuvo que dar 5 viajes hasta que en aquel montón reunió todos los objetos que aún le unían a sus recuerdos; algunos enseres de cocina, un frasco de crema, varias bolsas de chucherías, los relatos que le había dedicado e incluso las ventanas en las que tantas veces había apoyado su cabeza esperándola.

Al final decidió arrojar en la montonera el ordenador. Había limpiado cualquier resto de su disco duro pero seguían quedando en su teclado las huellas que le habían dedicado mil poesías y en su pantalla el reflejo de sus letras.

Arrancó incluso la taza del vater, el lavabo y las baldosas por las que había paseado descalza, y los amontonó todos en aquella montaña de vestigios de tiempos mejores. Estrelló su coche contra ella. Meticulosamente abrió un cortafuegos alrededor. Prendió fuego por distintos lugares y se sentó a observar el espectáculo desde una distancia prudencial.

Empezó a quitarse los zapatos y los arrojó contra la pira. Fue desnudándose prenda a prenda lanzándolas con rabia contra la hoguera. Siguió observando sin inmutarse cuando el coché produjo una gran explosión que no le alcanzó. A sus espaldas empezaban a sonar sirenas de bomberos y policías.

Se levantó con calma y se fue acercando a la hoguera, el calor se convirtió en insoportable, pero siguió aproximándose. Dio unos cuantos pasos más, avanzando lentamente hasta introducirse en aquel gran sacrificio de recuerdos con el que se fundió y desapareció.

Cuando llegaron los bomberos el fuego prácticamente se había extinguido. No pudieron identificarlo. Meses después, cuando alguien, no se sabe quién ni por qué, le echó en falta, pensaron que pudiera ser él.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Raro

Me siento raro.

Sé que no debo, no puedo. Que de nuevo sembrar esquejes de esperanza en mi baldío corazón, en la yerma ilusión de mi impotencia, es volver a lanzarlo al vacío, a ese atroz mortero que es la realidad para mis sentimientos.

Pero a veces agarra, surge un pequeño brote, unas ramitas, apenas perceptibles, que ven la luz y se secan, que ven el sol y se acobardan, que ven la luna y lloran, se marchitan, mueren.

No debo, es más de lo mismo, otra vez la misma historia. Seguiré encalleciendo mis emociones.

Descubriendo

He descubierto la belleza y no era efimera
He descubierto la pureza y no era eterea
He descubierto la inocencia y era eterna
He descubierto la utopía y eras tu

Déjame

Déjame arroparte esta noche, con mis besos.

Déjame acariciar tu sonrisa, con mis dedos.

Deja que la luna te cante, mientras te sueño.

Deja que mi sueño te tenga, mientras puedo.

Quisiera no olvidar esta noche,

No perderme este recuerdo

Mantener esta fragancia,

que se enreda entre mi pelo

Quisiera poderte soñar, tan cerca,

que al despertarme no fuera un sueño.

Quisiera dormir desnudo,

y sentir cerca tu aliento.

Arroparme de madrugada

y en las sábanas, tu cuerpo.

Despertar y que amanezca

con el sol sobre tu pecho,

acurrucarme en tu regazo

y que pase despacio el tiempo.

martes, 13 de mayo de 2008

Cerca de tí

Quiero perder mi mirada en tu abismo esmeralda
y naufragar en los nenúfares de tu mar en calma.

Quiero libar de tus rosadas acacias y sentir
el calor de la seda que te abraza.

Quiero dibujar con un dedo nubes blancas
sobre el turquesa lienzo de tu piel de nacar.

Quiero ser la brisa que amanece en tu mañana
y respirar en tu cabello la más pura fragancia.

Quiero balancear mis besos en tu trapecio, sin red,
y viajar hasta venus en mi barco de papel.

viernes, 9 de mayo de 2008

Hoy el cielo es más negro

Hoy es más negro el cielo
Hoy no brillan los fuegos
Hoy no baila la noche abrazada a tu misterio
Hoy no iluminan tus ojos el camino de mis sueños
Hoy no hay testigos de mi amor en las veredas del puerto
Hoy no hay nada que esconder, hoy no tenemos secretos.
Hoy hace justo un año que quedó congelado el tiempo.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Una mirada

Recuerdo tus ojos, manchados de mar e islas desiertas
Tu aspecto desaliñado tras el esfuerzo y una sonrisa, tierna, casi infantil.
Unas gotas de sudor que cruzan tu frente y brillan.
Pequeñas ínsulas de mar que se deslizan por un rostro salpicado en ocre,
de tierra extremeña.
Cansancio y resignación, entrega. Satisfacción.
Una fotografía, un instante que queda en mi memoria.
Le llamo vísperas.

miércoles, 30 de abril de 2008

Una casa

Una casa no son cuatro paredes por habitación. Ni un montón de muebles puestos a tu gusto, o al de alguien que intentó economizarlos para ponerla en alquiler. No es su decoración, ni sus vistas. No es una cama fría, o caliente según el día.

Una casa son tus recuerdos. Es una silla manchada de vino tras una cena, un leve ronquido que meses después sigue sonando en el sofá, el calor de un abrazo, la resonancia de una risa, el aroma de una cena, la calidez de un beso. Es una mirada, una película juntos, una comida de amigos, una llamada a un restaurante de comida rápida, una canción en la madrugada, un susto, una discusión, una reconciliación. Una casa es una sonrisa, una lágrima, una mano sobre otra, una caricia en la espalda, un masaje, un dvd que no funciona.
Una casa es un anochecer viendo el río, un amanecer borrachos, un enjuagado rápido de la cara para ocultar que has llorado. Una casa es una cena, romántica y para dos, sorpresa y para 9. Una casa es enredarme en tu pelo, contar tus lunares, compartir tu aroma. Una casa es un guión de madrugada, un proyecto vespertino, una ilusión compartida.
Una casa es el sabor de la Nutella, una tarde de chuches, unos espaguettis a la carbonara. Es un aliento de ánimo, un debate insulso, una barbacoa improvisada para un sketch.
Una casa es una manta para dos, un cojín desinflado, una guerra de almohadas.
Una casa es una vida. Dejarla es morir y empezar otra. O no.


sábado, 26 de abril de 2008

Quiero

Quiero cantar a la noche

hasta convertirla en día, quiero

ver amanecer

en sus calles escondidas, quiero

encontrar en tus ojos

el brillo que tenían, antes

de que la oscuridad

invadiera nuestras vidas.

Quiero que el año que se cumple en este instante

no quede vacío para siempre.

viernes, 18 de abril de 2008

¿Ha pasado?

Huesca llora como en mi primera visita.

Sus grises paredes, alternas con macilentas fachadas de tonos ictéricos, derraman sus lágrimas sobre el Somontano, alimentando unos caldos que tristes oriundos liban en parsimonioso ritual, en un local apestado de ruido y humos.

No se ven. Tan solo el gesto soslayado de un lector de periódicos deportivos denota algún interés por el entorno. Desvía su mirada envidiosa, a otro cliente, de tez abrasada por el sol del Cinca, que acaba de saltar el premio gordo de la tragaperras.

Todos pierden su mirada en un hipotético horizonte, con la misma inutilidad con que yo escruto un mínimo de ilusión en sus caras.

El ludópata, de forzada y dramática sonrisa, amplia como la cubeta dónde se han depositado las monedas del predio, percibe en su nuca la mirada aviesa del lector del As y con un gesto automático le conmina a tomar lo que quiera, aún a sabiendas de que su botín acabará inexorablemente de nuevo en la máquina.

En la pared, una fotografía en blanco y negro, en la que aún se reconoce al impávido leyente, le sitúa en un pasado de reconocido prestigio deportivo que hoy se hunde en esa vetusta mesa de antigua cafetería, a la que ha pasado a pertenecer. Le acompaña en la fotografía el malencarado camarero, ahora más gordo, canoso y descuidado, pero con la misma camisa azul desbotonada hasta el pecho y con las mangas remangadas hasta los codos

Pide un café que carga a la cuenta del improvisado invitador, al que ni siquiera conoce. Su mesa vacía indica que es la norma. Espera, hasta que alguien, movido por el recuerdo o la repentina euforia de un premio, decide convidarle.

Apuro el mío y huyo, temeroso de integrarme para siempre en este bodegón pictórico, de humana naturaleza muerta, y desaparecer en una vieja imagen costumbrista que un día colgará de un local semejante.

Nadie percibe mi huida, como tampoco constataron mi presencia.

En la calle un triste violoncello acalla los ruidos de la ciudad. Martillos y motores se funden en una melancólica melodía que retumba bajo los portales.

Dejo en una gorra gris 50 céntimos, en justa recompensa por contribuir a poner música, apagada y bucolica banda sonora, a este relato.

Es la misma ciudad, agónica, un año después. Aquella ciudad que en su tristeza me vendía ilusión hoy me recuerda su dramática advertencia.

“No te quise engañar”, me dice y sigue llorando.

Vuelvo al hotel. La misma habitación 407 del año pasado.

viernes, 4 de abril de 2008

De mi cabeza apoyada en la ventana

Esos surcos de sudor
que sobre el cristal dibuja mi frente.

Ese círculo de vaho
que deja plasmado mi último aliento.

Esas lágrimas
que horadan mi piel hasta salar mis labios.

Esas agujas del reloj
que giran lentas, sin sentido.

Ese murmullo del río
que pasa para no volver.

Ese rayo de sol
que se apaga sin despedirse.

Esa primavera
que se convierte en otoño sin el calor del verano.

Esa espera infructuosa
que ve llegar mi tiempo, pero no a tí.

.....

Ese exceso de amor, esa jaula de grillos
Ese repentino calor, esa cigüeña sin nido
Esa dura obsesión, ese juego de niños

Ese estruendoso sopor, ese silencioso ruido
Esa loca ambición, ese "pierdo el sentido"
Ese sol sin calor, esa noche de frío
Esa primavera sin flor, ese gélido estío
Ese otoño sin color, ese invierno tardío
Ese sueño de alcohol, esa resaca de vino
Ese abrazo sin dos, esa soledad contigo
Ese triste corazón, este último latido....

miércoles, 2 de abril de 2008

Es tu ausencia

Es tu ausencia un grito,
un sobresalto en la madrugada.

Una visita urgente al buzón,
encontrarlo vacío. Estremecerme
cuando suena el teléfono
y no eres tú.

Mirar al vacío buscando tu imagen
y solo ver tu recuerdo, que se pierde, se difumina,
en tu ausencia.

lunes, 31 de marzo de 2008

Recuerdos de algo que no pasó

-"¡Hola! ¿Te acuerdas de mí?"
(Te acuerdas de mí)


- "Claro qué me acuerdo de ti."
(Cómo olvidarte…).


- "Viajamos juntos por el Universo".


- "Visitamos la gran barrera de Coral, y París. Observamos el mundo desde lo alto del Kilimanjaro...y paseamos de la mano por el puente de la bahía de Sydney"




- "... Y vimos atardecer tras el Uluru..."



- "Y nos deslizamos en Bobsleigh por Cresta Sun".
(Cómo olvidarte)


- "¿Qué sucedió?".
(¿Qué sucedió?)


- "Se nos agotó el billete de ida."


- "¿Y no pudimos recargarlo?"
(¿Realmente no pudimos?)


Casilda salió del agua, con la ropa empapada. Escurrió su vestido, lo estiró al sol, y volvió a sumergirse en el mar, a nadar plácidamente entre las olas.







Este texto es una adaptación de otro públicado por María García en su blog y que oportunamente me presta para su publicación. Muchas gracias María.

miércoles, 26 de marzo de 2008

En las playas de Santa Pola


Siento bajo mis pies la suave textura
de la arena mediterránea,
roza (casi imperceptible) mi piel, con el candor
de tus labios de algodón, de tu tacto,
diente de león.

De vez en cuando un erizo
de mar extraviado, me recuerda
que no es sencillo caminar por tí.

Las olas acercan tu eco y dibujan (esbozan),
tu breve cuerpo en el horizonte,
palmo a palmo
(con delicadeza y a trazos nerviosos).

La concavidad de un seno, la convexidad
de un beso, la complejidad de un deseo.
La continuidad de una noche que no debió acabar,
(o no empezó).

Susurra tu nombre (que yo grito),
me lo devuelve en brisas que lo mascullan (lo mastican),
que te recogen, en este salado olor
a vida, por empezar.

jueves, 13 de marzo de 2008

Lloro

Lloro cada vez que te pierdo, sin darme cuenta de que sólo te perdí la primera vez.

jueves, 28 de febrero de 2008

Tienes

Tienes en tus palabras la necesidad de callar mi esperanza.
Tienes en tus manos una caricia para erizar la agonía de mi piel intacta.

Tienes en tu mirada mi mirada perdida.

Tienes en tu sonrisa un bálsamo para olvidarme del resto.
Tienes guardado un "te quiero" que nunca pronuncias.

Tienes expuesto un adiós que no se despide.
Tienes un "ven" que nunca me llama
Tienes mi ausencia que hoy te acompaña
Tienes mi compañía que hoy está ausente
Tienes un tengo y no quiero, un quiero y no puedo, un puedo y no creo.
Tienes un grito de amor que no oyes.
Tienes un silencio eterno que taladra tu oido.
Tienes una muestra de amor que no es visible.
Tienes una extraña visión de este amor tan ciego.
Me tienes a mí, y yo no te tengo.
Te tengo en mi mente y ya no me acuerdo.