
miércoles, 22 de agosto de 2007
A la basura

Pelusas
Aparecen de repente y nadie sabe cómo llegaron allí. Se arremolinan bajo la cama, en forma de pelusas. Unas grandes, que incluso adquieren formas sugerentes y otras, más pequeñas, que apenas tuvieron tiempo para formarse.Son nuestros sueños más rodados, que por su peso caen bajo la cama. Esos sueños recurrentes que cada noche regresan a la cama, para apoderarse de nuestros pensamientos nocturnos. Las grandes, bien formadas y redondeadas, son esos sueños reiterados, esas secuencias, que sin saber bien por qué se repiten noche a noche y a las que no damos explicación. Pueden ser pesadillas, que forman pelusas oscuras y rebeldes, a las que nunca llega el cepillo, y pueden ser blanquecinas y suaves, como las que forman los sueños de infancia.
Las más pequeñas suelen ser sueños lascivos y acostumbran a venir acompañadas de una polución nocturna, de una pequeña mancha en las sábanas. Suelen tener cuerpos de personalidades del celuloide o la canción y se suceden sin orden alguno. Otras solo tienen rostro, son también pequeñas, diminutas. Tanto unas como otras vuelan al abrir la ventana, o son las primeras en ser engullidas por la aspiradora.
Luego está la reina pelusa, una grande, suave, pero dificil de alcanzar, suele trenzarse a las patas traseras de la cama, justo debajo de la almohada. Debe dormir siempre bajo el embozo de las sábanas y apenas si cae al peso para aferrarse a la pata más cercana. Si intentamos alcanzarla la defiende la misma cama, los hierros del somier se clavan en nuestra espalda y un afilado muelle nos araña el omoplato. Apenas la rozamos con los dedos parece contraerse, casi desaparecer. Si movemos la cama se esconde bajo las mantas y aparece al día siguiente, de nuevo majestuosa, suave, abrazada a la pata, aferrada a nuestros sueños.
Esa es la única que tiene nombre.
domingo, 19 de agosto de 2007
Dibujándote

Robledillo de Gata
Normalmente los viajes se organizan buscando un determinado destino. Sin embargo el destino no tiene por qué ser exclusivamente un enclave geográfico, y es a veces él, el propio destino, el que elige lugar, compañía y motivos y te lleva a un momento, un instante de tu vida.martes, 14 de agosto de 2007

lunes, 13 de agosto de 2007
El tema del día

jueves, 9 de agosto de 2007
El mal profesor
y robaste la mía
Creí deshacer tus ataduras,
y me trabé entre tus cuerdas

Creí enseñarte a olvidar
e hice mios tus recuerdos.
Creí devolverte a la vida,
y acabé con la mía.
De la banda sonora del viaje:
Puedo ponerme humilde y decir
que no soy el mejor
que me falta valor
para atarte a mi cama,
puedo ponerme digno y decir
“toma mi direccion
cuando te hartes de amores
baratos de un rato… me llamas”.
miércoles, 25 de julio de 2007
Que le de el aire

El objetivo de colgar el libro en el tendedero es que aprenda de la vida. Que el contacto con la naturaleza le ofrezca esas dosis de realidad que a veces le falta a algo tan complejo como la geometría, en este caso.
Yo, sin embargo, creo que es a mi diario al que le falta esa dosis de realidad. No porque mienta en él, sino porque, en mi inconsciencia, me dejo llevar por ilusiones que me apartan del mundo real y me sumen en interpretaciones subjetivas que confunden mis sentimientos y me arrastran a un vacío personal sin identidad, sino en mi mundo particular.
En su tendedero mi diario recibirá el rocío de la mañana, frío y húmedo, consciente de que no habrá nadie que lo seque y cobije, pero también el frescor de los vientos que soplen, en distintas direcciones, dejando arrastrar sus hojas con libertad y a su antojo.
En su tendedero mi diario encallecerá sus tapas para resistir las embestidas de las inclemencias meteorológicas, pero también recogerá en sus hojas el aroma del cesped recién segado, de las flores recién nacidas y del aire libre que baja de la sierra.
En su tendedero mi diario recibirá el castigo del árido sol de las siestas estivales, pero también la ténue luz de las estrellas en las tibias noches de primavera.
En su tendedero mi diario permitirá que el viento arranque viejas páginas a la vez que deja impregnadas nuevas fragancias en las que resistan.
Está decidido, que nadie se sorprenda si ve un libro colgando de mi ventana.
lunes, 23 de julio de 2007
Contra la censura

miércoles, 18 de julio de 2007
O Enxebre
Compañeros de clicks
Llevo unos días hablando de rincones de esta maravillosa villa marítima sin centrarme en cómo llegamos a ella. martes, 17 de julio de 2007
Las clases de inglés
Los exvotos
La vieja casona
lunes, 16 de julio de 2007
La caverna de helechos
A areia grande
El monte Santa Tecla - O monte Santa Tegra
El viejo limonero
Retazos del viaje
Mi vieja aula. Un lugareño, quizás tan nostálgico como yo de aquellas piedras que a duras penas se mantienen en pie, se me acercó asustado al verme haciendo fotos. Me preguntó si iba de incógnito. No supe a que se refería. Cuando le dije que era un exalumno de aquellas paredes reencontrándose con su pasado me advirtió. "Pues llegas por los pelos, están a punto de derribarlo".
Hoy mi presente se cae derribado como mi pasado, pero en ese solar, construiremos un futuro. Tan aleccionador como el que fue, tan lleno de sueños e ilusiones, pero dejadme cerrar por obras...
sábado, 14 de julio de 2007
Crónica de un viaje
Comenzar en solitario un viaje tan largo, como el que separa Santiago de Compostela de Plasencia requiere una fueza mental y emotiva que no eché en mi maleta, pero que fue surgiendo kilómetro a kilómetro, como recurso de supervivencia, que se ahogaba por momentos y afloraba por segundos, a medida que se iban sucediendo la melancolía o el optimismo en las letras de Serrat y Sabina, banda sonora de un viaje incompleto, por la ausencia, la lluvia y el baile apagado de unas abejas que se empeñan en zumbar cuando saben que han dejado el tango por el charlestón.
Las nubes viajaban conmigo desde la salida, en forma de dudas y lágrimas, que se fueron disipando a base de coraje, nublando el cielo al evaporarse y amenazando con volver a mi para vengarse, como finalmente harían. Si echas una lágrima enjuágala bien o regresará.
El viaje, que había comenzado como un reto a mi eterna soledad, se convertía ahora en una peregrinación hacia mi interior, buscando el halo vital que aparqué en el mes de abril y que hoy se pregunta quien me lo ha robado, como el maestro Joaquín. Consciente de que fui yo quien lo abandonó a su suerte. (En homenaje, el ochinillo de la foto lo comí en casa Joaquín, en la carretera de Zamora.)
Entre lágrimas mal enjuagadas, canciones al vacío e imprudentes gritos de socorro fui adentrándome en Galicia, tierra de meigas, misterios y recuerdos, que me devolverían a mi realidad, mi inoportuno optimismo y mi niñez. respectivamente.
De la banda sonora del viaje:
No hago otra cosa que pensar en ti...
Por halagarte y para que se sepa,
tomé papel y lapiz y esparcí
las prendas de tu amor sobre la mesa.
Buscaba una canción y me perdí
en un montón de palabras gastadas.
No hago otra cosa que pensar en ti
y no se me ocurre nada.
Enciendo un cigarrillo, y otro más...
Un día de estos he de plantearme
muy seriamente dejar de fumar,
con esa tos que me entra al levantarme...
Busqué, mirando al cielo, inspiración
y me quedé colgado en las alturas.
Por cierto, al techo no le iría nada mal
una capa de pintura.
Miré por la ventana y me fugué
con una niña que iba en bicicleta.
Me distrajo un vecino que también
no hacía más que rascarse la bragueta.
No hago otra cosa que pensar en ti...
Nada me gusta más que hacer canciones,
pero hoy las musas han "pasao" de mí.
Andarán de vacaciones.
viernes, 13 de julio de 2007
Queda un día
y otras veces
me arrastro demasiado a ras del suelo,
algunas madrugadas me desvelo
y ando como un gato en celo
patrullando la ciudad
en busca de una gatita,
a esa hora maldita
en que los bares a punto están de cerrar,
cuando el alma necesita
un cuerpo que acariciar.
Algunas veces vivo
y otras veces
la vida se me va con lo que escribo;
algunas veces busco un adjetivo
inspirado y posesivo
que te arañe el corazón;
luego arrojo mi mensaje,
se lo lleva de equipaje
una botella…,
al mar de tu incomprensión.
No quiero hacerte chantaje,
sólo quiero regalarte una canción.
Y algunas veces suelo recostar
mi cabeza en el hombro de la luna
y le hablo de esa amante inoportuna
que se llama soledad.
Algunas veces gano
y otras veces
pongo un circo y me crecen los enanos;
algunas veces doy con un gusano
en la fruta del manzano
prohibido del padre Adán;
o duermo y dejo la puerta
de mi habitación abierta
por si acaso se te ocurre regresar;
más raro fue aquel verano
que no paró de nevar.
Y algunas veces suelo recostar
mi cabeza en el hombro de la luna
y le hablo de esa amante inoportuna
que se llama soledad.
martes, 10 de julio de 2007
¿Qué hace Bucay en mi mesilla?
Me dejaste los tuyos de Bucay,
ahora soy yo quien necesita autoayuda,
y tus recitas mis versos por ahí.
De vuelta
Soltero y sin objetivo
Guardar en mi hato una muda como único equipaje, la callada por respuesta, tu silencio en mi monólogo, tu ausencia en mi sombra, tu sombra en mi recuerdo.
Volver a contar los pasos que llevan a ninguna parte, tirar miguitas de pan por si quieres encontrarme, dejarlas caer al viento para que no puedas hallarme, comerme el bocadillo y que no quede ni una miga. Sentarme en el césped, y que quede otra amiga.
Invitar a soledad a una cena para uno, llevarla hasta mi cama, a un desayuno para ninguno, despertarme solo, y que solo quede humo, encontrar solo en las sábanas mi cuerpo taciturno, buscar mi turno que no ha pedido la vez, buscar la vez en que no solo fui uno, buscar mi otro y que sea yo de nuevo, buscar algo nuevo y que sea lo de siempre, buscar un siempre y que sea un jamás, no querer jamás y que ya haya pasado, no tener pasado porque siempre fue presente, no tener presente porque el futuro se adelanta, no ver el futuro porque ya no veo nada.
No saber que esto que escribo no significa nada, que el que nada no se ahoga, que llorar hoy desahoga y el que no llora no mama. Creer que me he vuelto loco porque ya no entiendo nada, ni lloro, ni mamo, pero así me desahogo.
Volver a encontrarme con soledad de mi lado, la creía desterrada pero no la había olvidado, repetir con participios, vuelven las odas al ado, como cuando era un niño, cuando estaba enamorado, cuando ya soledad pesaba en mi costado, cuando ya solo una muda cabía en este hato.