domingo, 15 de junio de 2008

Se tú

Alternas tu sonrisa tentadora con un mohín de rechazo, tu invitación a tomarte con tu mirada huidiza, tu ven con un vete, y tu abrazo con kilómetros de espacio.

Pero tú eres esas contrariedades, y esos gestos tan tuyos que te definen y te poseen.

Tú eres eso, y no lo que otros han dibujado o previsto para tí.

Eres fuego de artificio, belleza en aire pero encerrada solo estropicio.
Eres un grito de libertad en el campo, un chillido en tu cuarto.

Que no te encierren las paredes, ni las de ladrillo que delimitan tu casa, ni las mentales que delimitan tu libertad, ni las personales que delimitan tu ser.

sábado, 14 de junio de 2008

Como sin tí

Como un pirata sin isla
como un cofre sin tesoro,
como un niño que ve escaparse su globo,
como un anciano sin bastón de apoyo,
como un jonkie con el mono.

Como una mañana sin sol,
como una tarde sin siesta,
como una noche sin cena,
como una madrugada sin tí,
como un día sin tus ojos.

Como un libro sin letras,
como una novela sin trama,
como una película sin fin,
como una canción sin melodía,
como un cuadro sin color,
como un retrato sin rostro.

Como una isla sin naufrago,
como la luna sin Amstrong,
como un barco a la deriva,
como un avión sin piloto,
como una carcel sin presos,

...como yo sin asir tu mano.

jueves, 12 de junio de 2008

Hoy

Se diluye en mi recuerdo tu imagen, en el deseo de verte
Se pierde en el tiempo tu sonrisa, en las ganas de besarla
Se nubla en la distancia tu mirada, en la necesidad de reflejarme en ella
Se atenúa entre el ruido tu voz, que ya apenas percibo.

Hoy volveré a verte sonreir mientras me miras y me dices al oído, "he vuelto"

miércoles, 11 de junio de 2008

Acróstico

Maniatada, al hilo de tu trapecio, una caricia,
que no te puede asir.

Atrapado, al brillo de tu mirada, un sueño,
que no me deja dormir.

Robado, al filo de tu sonrisa, un beso,
que aún guardo para ti.

Traicionado, al fondo de mis anhelos, un deseo,
que contigo dejó de existir.

Apagado, al quicio de tus rechazos, un reto
que no dejará de insistir.

martes, 10 de junio de 2008

Nuevas ilusiones

Guarda en sus cabellos los tímidos rayos del sol de junio, en sus ojos la tierra que me soporta. En su amplia mirada una aureola que abraza la mía, la rodea sin ofrecer escape.

La fina sonrisa de una pincelada breve, pero alegre, de un pintor que recuperó sus acuarelas en los hoyuelos que se le forman al reir. Perfecta, de un nácar brillante que regala la pícara ingenuidad de su juventud.

En sus hombros desnudos la suave almohada en la que reposar mis sueños y en sus breves senos el horizonte de un paisaje de Jean Baptiste Corot.

lunes, 9 de junio de 2008

Mi lolita

"Réveillez-vous, Laqueue, il est temps de mourir!".

Humbert cazaba mariposas y encontró una ninfa, yo, al revés, buscando ninfas encontré una mariposa.

Había pintado sus alas de color, sus mejores tintes. Brillaban sus estrellas, convirtiéndose en un agujero negro, una implosión de belleza, que me encerró en sus párpados.

Quise surcar su cielo, sentir la frescura de su lago carmín, aspirar su aroma para no olvidarlo, para destaparlo de nuevo al llegar a casa, y disfrutarlo, mientras se disipa en la agonía de la desmemoria, del desencuentro, del quiero y no puedo.


“Evité mirarte a los ojos
lucían brillantes como el cielo de Tinduf
Evité acercarme a tus labios,
naufragar en un beso como Robinsón,
Aspiré con fuerza el minuto que no me diste,
Y perdí en tu calendario la cuenta de mi edad.”



“Ne manque pas de dire à ton amant, Chimène, comme le lac est beau, car il faut qu'il t'y mène."

jueves, 5 de junio de 2008

Difícil

¿Por qué es tan difícil que coincidan el ser amado con el ser amante? ¿Por qué amado y amando solo coinciden cuando una de las partes cede?

El amor... es una pantomima

martes, 3 de junio de 2008

Se abrió un claro entre las nubes

(nació como comentario para ron con cola)

Se abrió un claro entre las nubes y volvimos a ver el sol....

Sí, pero además en todos los sentidos.

Se abrió un claro en una tarde lluviosa que amenazaba con privarnos de nuevo de la música de Iniesta, y se abrió un claro en un tremendo nubarrón, que cubría Plasencia desde el gobierno del caciquismo y la derechona fascista, medrosa de que los hijos les salieran drogadictos por culpa de la música o las hijas putas por culpa de las drogas.

Al final las hijas les salieron igual de zorras y los hijos se metieron por vena hasta el agua de los retretes, pero al son de la música de siempre así. Tremenda condena metafórica para alguien castigado a vivir en el ostracismo y la continuidad del régimen que añoran y lloran por las esquinas.

Se abrió un claro con los versos de Neruda, porque sucede que a veces me canso de ser hombre, si es hombre el que se somete, o con los del chinato, porque ahora prefiero ser un indio que un importante abogado, o un concejal obcecado.

Se abrió un claro con la guitarra de Uoho por quien no pasan los años y se abrió un claro entre una multitud enfervorecida que botaba y se empujaba con la educación de quien te acaricia.

Se abrió un claro que aún hoy dura y que movilizó a 12000 personas. Entre ellas, nosotros.

Gracias Enrique porque con tu empeño se hizo posible

viernes, 30 de mayo de 2008

El guía del Hermitage

Estaba desnudo, en pie, frente a una pared. hablaba en alto, describía tu cuerpo, palmo a palmo, centímetro a centímetro, beso a suspiro, caricia a ausencia. Imaginaba que estabas, como antes, y podía olerte, respirarte, sentirte, tomar con tus labios la temperatura de mi cuerpo, que ardía. Me enredaba en tus ojos y me reflejaba en tu cabello, ¿ridículo? Es mi imaginación, son mis sueños, mis ilusiones, mis pensamientos, son propiedad privada, por mucho que le moleste a Stalin.

Puedo verte, tenerte, sentirte, poseerte. Pareceré loco, pero viviré en ti hasta que esta demencia me arrastre. Vemos lo que amamos. Afortunadamente mi soledad no riñó con mi imaginación.

martes, 20 de mayo de 2008

Fuego purificador

No sabía realmente por qué había empezado por aquella factura. En un cenicero ardía una hoja, la número 13, de una amplia factura telefónica en la que obsesivamente se repetía una y otra vez el mismo número de teléfono. Una relación de 58 llamadas y 142 mensajes se iban consumiendo por las llamas, reduciéndose poco a poco en una fina capa primero azul, luego gris y finalmente negra, hasta desaparecer.

Miró el fondo del cenicero dónde acababa de arder aquella factura y pensó que se le quedaría pequeño. Fue a la cocina, cogió una ensaladera blanca de porcelana, dónde tantas veces había preparado su especialidad culinaria, y la llevó hasta el comedor, poniéndola en el centro de la mesa. Cogió el cenicero, aún caliente, lo que le produjo una leve quemazón en la yema de los dedos, y lo colocó dentro de la ensaladera.

Ya dentro quemó el resto de la factura, 22 páginas monopolizadas por la misma secuencia numérica. Abrió un cajón y sacó varios recuerdos que poco a poco fue introduciendo en la pira purificadora. Varias entradas de cine, alguna carta y tres o cuatro fotos impresas en folios que en su día había decidido rescatar del disco duro y darles vida sobre el papel. No solía hacerlo.

Ver arder las fotografías le dio una idea. Fue hasta el ordenador. Entró en la carpeta "mis documentos" y cortó cada archivo y cada fotografía para pegarlos en su pen-usb, el que tantas veces había portado documentos compartidos entre ambos.

Cuando no quedaban vestigios de ella en el ordenador, y hubo vaciado la papelera de reciclaje, cogió el dispositivo de almacenamiento electrónico y lo llevó a la pequeña hoguera, que tuvo que alimentar antes con varios libros para que se reavivara. Vio arder a García Márquez, a Carlos Ruiz Zafón y a Ken Follet antes de introducir el artefacto plástico entre las llamas. Contempló como se retorcía, se arrugaba y se convertía en una bola negra en la que solo se podía distinguir la pieza metálica que se conecta al ordenador.

Un humo gris ácido, penetrante y molesto, que empezaba a levantarle dolor de cabeza le recomendó continuar en la terraza. Cogió las manoplas del horno, levantó la ensaladera y la llevó hasta allí en una pequeña procesión que le recordó la ofrenda de las ancestrales vírgenes vestales. Se quitó las manoplas, pensó cuántas veces le habían ayudado a sacar del horno cenas para dos, y las arrojó a la hoguera.

Poco a poco fue acumulando objetos que ardían ya incluso fuera de la ensaladera. Varias películas en dvd, dos botellas de vino que a punto estuvieron de apagar el fuego, algunos cubiertos que apenas ardieron y algunas prendas pequeñas que lo hicieron con rapidez.

Sonó el timbre. Un agente de policía le señaló que los vecinos habían llamado alarmados por las llamas. Le dijo que había tenido un pequeño incidente con la lavadora, pero que ya estaba solucionado. El agente se marchó poco convencido y él decidió continuar fuera de casa.

Miró la terraza y aunque la ensaladera continuaba intacta, sólo parte de la pintura se había levantado en pequeñas ampollas, consideró que ya no le sería necesaria. La estrelló contra el suelo y metió los trozos en una bolsa de basura. Poco a poco fue llenando varios sacos higiénicos con distintos objetos, algunos vasos, unas sábanas, más libros, más películas de vídeo, e incluso el reproductor de DVD.

Fue bajando al coche las distintas bolsas que había ido llenando. Dio un primer viaje hasta un pequeño paraje en el campo donde habían pasado su primera noche juntos y las amontonó en el lugar exacto dónde aquel día había abrazado su cuerpo desnudo por primera vez.

Volvió a casa. Desmontó la cama y cargó en el coche el colchón y las distintas piezas que la componían. Arrastró hasta la calle el sillón, dos sillas y una mesa, que tuvo que despedazar para que cogieran en el vehículo.

Tuvo que dar 5 viajes hasta que en aquel montón reunió todos los objetos que aún le unían a sus recuerdos; algunos enseres de cocina, un frasco de crema, varias bolsas de chucherías, los relatos que le había dedicado e incluso las ventanas en las que tantas veces había apoyado su cabeza esperándola.

Al final decidió arrojar en la montonera el ordenador. Había limpiado cualquier resto de su disco duro pero seguían quedando en su teclado las huellas que le habían dedicado mil poesías y en su pantalla el reflejo de sus letras.

Arrancó incluso la taza del vater, el lavabo y las baldosas por las que había paseado descalza, y los amontonó todos en aquella montaña de vestigios de tiempos mejores. Estrelló su coche contra ella. Meticulosamente abrió un cortafuegos alrededor. Prendió fuego por distintos lugares y se sentó a observar el espectáculo desde una distancia prudencial.

Empezó a quitarse los zapatos y los arrojó contra la pira. Fue desnudándose prenda a prenda lanzándolas con rabia contra la hoguera. Siguió observando sin inmutarse cuando el coché produjo una gran explosión que no le alcanzó. A sus espaldas empezaban a sonar sirenas de bomberos y policías.

Se levantó con calma y se fue acercando a la hoguera, el calor se convirtió en insoportable, pero siguió aproximándose. Dio unos cuantos pasos más, avanzando lentamente hasta introducirse en aquel gran sacrificio de recuerdos con el que se fundió y desapareció.

Cuando llegaron los bomberos el fuego prácticamente se había extinguido. No pudieron identificarlo. Meses después, cuando alguien, no se sabe quién ni por qué, le echó en falta, pensaron que pudiera ser él.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Raro

Me siento raro.

Sé que no debo, no puedo. Que de nuevo sembrar esquejes de esperanza en mi baldío corazón, en la yerma ilusión de mi impotencia, es volver a lanzarlo al vacío, a ese atroz mortero que es la realidad para mis sentimientos.

Pero a veces agarra, surge un pequeño brote, unas ramitas, apenas perceptibles, que ven la luz y se secan, que ven el sol y se acobardan, que ven la luna y lloran, se marchitan, mueren.

No debo, es más de lo mismo, otra vez la misma historia. Seguiré encalleciendo mis emociones.

Descubriendo

He descubierto la belleza y no era efimera
He descubierto la pureza y no era eterea
He descubierto la inocencia y era eterna
He descubierto la utopía y eras tu

Déjame

Déjame arroparte esta noche, con mis besos.

Déjame acariciar tu sonrisa, con mis dedos.

Deja que la luna te cante, mientras te sueño.

Deja que mi sueño te tenga, mientras puedo.

Quisiera no olvidar esta noche,

No perderme este recuerdo

Mantener esta fragancia,

que se enreda entre mi pelo

Quisiera poderte soñar, tan cerca,

que al despertarme no fuera un sueño.

Quisiera dormir desnudo,

y sentir cerca tu aliento.

Arroparme de madrugada

y en las sábanas, tu cuerpo.

Despertar y que amanezca

con el sol sobre tu pecho,

acurrucarme en tu regazo

y que pase despacio el tiempo.

martes, 13 de mayo de 2008

Cerca de tí

Quiero perder mi mirada en tu abismo esmeralda
y naufragar en los nenúfares de tu mar en calma.

Quiero libar de tus rosadas acacias y sentir
el calor de la seda que te abraza.

Quiero dibujar con un dedo nubes blancas
sobre el turquesa lienzo de tu piel de nacar.

Quiero ser la brisa que amanece en tu mañana
y respirar en tu cabello la más pura fragancia.

Quiero balancear mis besos en tu trapecio, sin red,
y viajar hasta venus en mi barco de papel.

viernes, 9 de mayo de 2008

Hoy el cielo es más negro

Hoy es más negro el cielo
Hoy no brillan los fuegos
Hoy no baila la noche abrazada a tu misterio
Hoy no iluminan tus ojos el camino de mis sueños
Hoy no hay testigos de mi amor en las veredas del puerto
Hoy no hay nada que esconder, hoy no tenemos secretos.
Hoy hace justo un año que quedó congelado el tiempo.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Una mirada

Recuerdo tus ojos, manchados de mar e islas desiertas
Tu aspecto desaliñado tras el esfuerzo y una sonrisa, tierna, casi infantil.
Unas gotas de sudor que cruzan tu frente y brillan.
Pequeñas ínsulas de mar que se deslizan por un rostro salpicado en ocre,
de tierra extremeña.
Cansancio y resignación, entrega. Satisfacción.
Una fotografía, un instante que queda en mi memoria.
Le llamo vísperas.

miércoles, 30 de abril de 2008

Una casa

Una casa no son cuatro paredes por habitación. Ni un montón de muebles puestos a tu gusto, o al de alguien que intentó economizarlos para ponerla en alquiler. No es su decoración, ni sus vistas. No es una cama fría, o caliente según el día.

Una casa son tus recuerdos. Es una silla manchada de vino tras una cena, un leve ronquido que meses después sigue sonando en el sofá, el calor de un abrazo, la resonancia de una risa, el aroma de una cena, la calidez de un beso. Es una mirada, una película juntos, una comida de amigos, una llamada a un restaurante de comida rápida, una canción en la madrugada, un susto, una discusión, una reconciliación. Una casa es una sonrisa, una lágrima, una mano sobre otra, una caricia en la espalda, un masaje, un dvd que no funciona.
Una casa es un anochecer viendo el río, un amanecer borrachos, un enjuagado rápido de la cara para ocultar que has llorado. Una casa es una cena, romántica y para dos, sorpresa y para 9. Una casa es enredarme en tu pelo, contar tus lunares, compartir tu aroma. Una casa es un guión de madrugada, un proyecto vespertino, una ilusión compartida.
Una casa es el sabor de la Nutella, una tarde de chuches, unos espaguettis a la carbonara. Es un aliento de ánimo, un debate insulso, una barbacoa improvisada para un sketch.
Una casa es una manta para dos, un cojín desinflado, una guerra de almohadas.
Una casa es una vida. Dejarla es morir y empezar otra. O no.


sábado, 26 de abril de 2008

Quiero

Quiero cantar a la noche

hasta convertirla en día, quiero

ver amanecer

en sus calles escondidas, quiero

encontrar en tus ojos

el brillo que tenían, antes

de que la oscuridad

invadiera nuestras vidas.

Quiero que el año que se cumple en este instante

no quede vacío para siempre.

viernes, 18 de abril de 2008

¿Ha pasado?

Huesca llora como en mi primera visita.

Sus grises paredes, alternas con macilentas fachadas de tonos ictéricos, derraman sus lágrimas sobre el Somontano, alimentando unos caldos que tristes oriundos liban en parsimonioso ritual, en un local apestado de ruido y humos.

No se ven. Tan solo el gesto soslayado de un lector de periódicos deportivos denota algún interés por el entorno. Desvía su mirada envidiosa, a otro cliente, de tez abrasada por el sol del Cinca, que acaba de saltar el premio gordo de la tragaperras.

Todos pierden su mirada en un hipotético horizonte, con la misma inutilidad con que yo escruto un mínimo de ilusión en sus caras.

El ludópata, de forzada y dramática sonrisa, amplia como la cubeta dónde se han depositado las monedas del predio, percibe en su nuca la mirada aviesa del lector del As y con un gesto automático le conmina a tomar lo que quiera, aún a sabiendas de que su botín acabará inexorablemente de nuevo en la máquina.

En la pared, una fotografía en blanco y negro, en la que aún se reconoce al impávido leyente, le sitúa en un pasado de reconocido prestigio deportivo que hoy se hunde en esa vetusta mesa de antigua cafetería, a la que ha pasado a pertenecer. Le acompaña en la fotografía el malencarado camarero, ahora más gordo, canoso y descuidado, pero con la misma camisa azul desbotonada hasta el pecho y con las mangas remangadas hasta los codos

Pide un café que carga a la cuenta del improvisado invitador, al que ni siquiera conoce. Su mesa vacía indica que es la norma. Espera, hasta que alguien, movido por el recuerdo o la repentina euforia de un premio, decide convidarle.

Apuro el mío y huyo, temeroso de integrarme para siempre en este bodegón pictórico, de humana naturaleza muerta, y desaparecer en una vieja imagen costumbrista que un día colgará de un local semejante.

Nadie percibe mi huida, como tampoco constataron mi presencia.

En la calle un triste violoncello acalla los ruidos de la ciudad. Martillos y motores se funden en una melancólica melodía que retumba bajo los portales.

Dejo en una gorra gris 50 céntimos, en justa recompensa por contribuir a poner música, apagada y bucolica banda sonora, a este relato.

Es la misma ciudad, agónica, un año después. Aquella ciudad que en su tristeza me vendía ilusión hoy me recuerda su dramática advertencia.

“No te quise engañar”, me dice y sigue llorando.

Vuelvo al hotel. La misma habitación 407 del año pasado.

jueves, 17 de abril de 2008

Podéis besaros

El amor se vende en paquetes. En grandes paquetes de sonrisas, abrazos, miradas cómplices y ternura. En guiños que sólo ellos entienden y gestos, de ojos muy abiertos, que comparten. Se vende con un diccionario particular, de palabras e incluso onomatopeyas que definen su vocabulario, en pequeños charquitos de lágrimas compartidas y en grandes lunas en cuarto creciente, como sonrisas, sobre las que se balancean.
No, no se vende. Me he confundido. Se regala. Se da cada día con un beso al salir el sol, o con cuatro llamadas telefónicas si la distancia no permite que el beso sea labio con labio. ¿Qué me pongo?¿Qué te has puesto?¿Cómo has dormido? Te quiero. Cada día.
No, tampoco se regala. Se contagia. Solo al tacto, al respirar el mismo aire, al sabor de sus bocas e incluso al mirarse a los ojos. Es tremendamente infeccioso. Se transmite a través de los sentidos, incluso ese sexto que indica que han nacido para estar juntos.
Ella un día se sentó en unas escaleras y me dijo, tengo que contarte algo. Él un día me abrazó llorando y me dijo, tengo que contarte algo.
El 25 de julio de 2009 seré yo quien diga. Podéis besaros. Y será para siempre.

martes, 8 de abril de 2008

El juego de llaves

Durante esta semana estoy participando en el juego de llaves de Canal Extremadura. Aquí os dejo colgados los vídeos para que me veáis si os interesa. Sé que no me vais a perdonar el romance que me inventé entre la Preysler y Ruiz Mateos, y mucho menos que acudieran al estomatólogo para que les viera los problemas digestivos, pero se lo achacaremos a los nervios del principio. De todas maneras de todos es sabido que los gitanos no quieren a sus hijos con buenos principios. Lo importante es cómo acaba... Os invito a seguirlo durante toda la semana.

Para navegar por los vídeos tenéis unas flechitas a derecha e izquierda del reproductor que os permitirán pasar de vídeo a vídeo. Cada programa está dividido en 3 partes de 10 minutos que es lo máximo que permite el Youtube.Para facilitar la navegación por los distintos días veréis que al lado del botón de play/pause del reproductor hay otro que permite elegir sobre pantalla el vídeo que queréis ver.

Espero que disfrutéis tanto como yo participando y si queréis asistir no dudéis en llamar, es una experiencia gratificante, y muy muy divertida.

sábado, 5 de abril de 2008

Sentado

He sentido un ligero mareo, un desfallecimiento que me ha obligado a sentarme en esta acera desde la que veo pasar un reguero de agua bajo el arco de mis piernas. Es agua limpia, que corre, sonora, bajo el viejo puente románico.



Vine a pescar. Nando está conmigo. Hemos echado las viejas cañas de bambú que heredamos del abuelo y esperamos que alguno de los corchos con los que hemos improvisado las boyas se hunda, mientras, a escondidas, disfrutamos del amargo sabor del tabaco que hemos robado a papá. Espero que no se entere. Miro hacia el agua y te veo salir, tu bañador empapado. Te sienta bien ese bikini azul. La playa está desierta y mientras te bañas disfruto haciendo castillos de arena.

Tras sus almenas he escrito nuestros nombres en la piedra. Sé que no está bien, que es un monumento legendario, pero quiero que la historia, a partir de hoy, también recuerde nuestro amor.

¿cómo dijiste que te llamabas? Ah, sí, Lucía.

Mi madre llega asustada y me pregunta qué me pasa, por qué estoy sentado en esta acera. Le digo que nada, que me he caído de la bicicleta y me duele la rodilla. Sangra. La enfermera que me ayuda a levantarme dice que no es nada, que mañana se habrá pasado. Llega el médico y me felicita. Dice que es un niño precioso, al que llamará Raúl.

Le acompaño al colegio. Es su primer día y está nervioso. Llora desconsolado. Es normal, era su primer amor. Sé que no quería hablar conmigo de ello, es muy tímido y piensa que hay cosas que un padre nunca podrá entender. ¿Cómo no? Le cuento aquella primera vez, tus labios parecían de papel, recuerdas, James Dean tiraba piedras sobre una casa blanca, entonces te besé.

Ya no tengo vértigos. Me puedo levantar y a mis espaldas hablan de alguien, un extranjero, germano, quizás. Últimamente me hablan mucho de él.

viernes, 4 de abril de 2008

De mi cabeza apoyada en la ventana

Esos surcos de sudor
que sobre el cristal dibuja mi frente.

Ese círculo de vaho
que deja plasmado mi último aliento.

Esas lágrimas
que horadan mi piel hasta salar mis labios.

Esas agujas del reloj
que giran lentas, sin sentido.

Ese murmullo del río
que pasa para no volver.

Ese rayo de sol
que se apaga sin despedirse.

Esa primavera
que se convierte en otoño sin el calor del verano.

Esa espera infructuosa
que ve llegar mi tiempo, pero no a tí.

.....

Ese exceso de amor, esa jaula de grillos
Ese repentino calor, esa cigüeña sin nido
Esa dura obsesión, ese juego de niños

Ese estruendoso sopor, ese silencioso ruido
Esa loca ambición, ese "pierdo el sentido"
Ese sol sin calor, esa noche de frío
Esa primavera sin flor, ese gélido estío
Ese otoño sin color, ese invierno tardío
Ese sueño de alcohol, esa resaca de vino
Ese abrazo sin dos, esa soledad contigo
Ese triste corazón, este último latido....

miércoles, 2 de abril de 2008

La generación Nutella

Odio las generaciones. Y no me refiero a la del 98 o a la del 27, ni siquiera a la del 50, que se ganaron su espacio y sentido gracias a su talento. Me refiero a esas generaciones espontáneas que alguien se inventa entorno a algún razonamiento social, le pone un apellido y se la adjudica a todos los miembros de ese sector determinado, principalmente a los jóvenes.

Me refiero a los VIP, los JASP, los mileuristas o la generación de la nocilla. Todos invento de sociólogos y escritores que intentan equiparar a jóvenes de realidades completamente distintas e incluso divergentes bajo un mismo sello que los tribalice.

Hoy me he encontrado con alguien que perfectamente encajaría en cualquiera de estas tribus cronológicas y encima defendería sus arquetipos, bajo el simple pretexto de escucharse y no escuchar a los demás, su principal virtud.

Espido Freire es una chica bollycao en un mundo de Nocilla. Habla de momentos de estadio en la lectura de Harry Potter cuando ella establece inmensos espacios diáfanos dónde coloca a todos cuantos se salen de su entorno. Ya sean jóvenes indolentes, estudiantes perezosos o mileuristas que no llegan a 500 euros de sueldo. Lo importante, como en las abuelas de mi pueblo, es generalizar para no preocuparse de las especificidades, para no observar que existen ombligos que no sean el suyo, ni opiniones que no comparta. Se gusta y lo sabe. Posa hasta para un parpadeo y se cree la última vestal de una cruzada literaria que terminó en su cuna, depositaria de la excalibur de las plumas que nadie podrá esgrimir nunca más.


Yo me quedo en la generación Nutella. Mucho más pobre y desconocida. Distinta a los demás. de vaso feo, pero distinta.

Es tu ausencia

Es tu ausencia un grito,
un sobresalto en la madrugada.

Una visita urgente al buzón,
encontrarlo vacío. Estremecerme
cuando suena el teléfono
y no eres tú.

Mirar al vacío buscando tu imagen
y solo ver tu recuerdo, que se pierde, se difumina,
en tu ausencia.