domingo, 16 de noviembre de 2008

Cuentos de África - La bella Fatiha IV


El miedo, la desconfianza, los nervios, la duda, la curiosidad...
Todos estos sentimientos se fueron apoderando de nosotros según desembarcamos y empezamos a perder nuestros nombres para ser identificados como números, según empezamos a perder nuestro pasado y a desorientar nuestro futuro, para ser parte tan solo de un presente que desconocíamos, y se mostraba incierto ante nuestros ojos, indagadores los de la mayoría, llorosos, como los de un niño el primer día de clase, los de unos cuantos.

Un papel en mi mano decía que debía dirigirme a Regulares, al acuartelamiento González Tablas. Hacia allí nos llevaron en varios camiones mientras el temor iba venciendo al resto de emociones que nos habían invadido hasta el momento.



Todo sucedió muy deprisa. Apenas recuerdo cómo llegamos, cómo se nos repartió la ropa de cama, el uniforme y el resto de enseres que serían nuestra única propiedad a partir de entonces, y que debíamos defender como lo más preciado. Una taza de latón, un petate, dos uniformes completos, unos guantes, una gorra y unos listones verdes en los que escribir nuestro primer apellido. Aquel sería nuestro único identificativo desde ese momento. Atrás quedaban los estudios, los apellidos rimbonbantes, la experiencia, la edad o las clases sociales. Torpemente aprendimos a formar y empezamos a escuchar discursos manidos y desgastados, completamente anacrónicos, escapados de una película de Kubrick.

Comenzaba una carrera sin destino pero sin descanso, dos meses de un estúpido guión repetido miles de veces, que terminariamos creyéndonos e interpretando como malos actores de culebrón a los que se facilita un nuevo párrafo cada día.

Lo único cierto era la amistad que se iba forjando entre algunos de nosotros. Otro más de los tópicos, el único cierto, que rodeaba a aquella pantomima.





Tu voz


Me encanta escuchar tu voz, esas palabras que viven en un susurro y se escapan en un suspiro.

Me gusta respirarlas, a dos centímetros de tu boca, porque huelen a los verdes paisajes de la sierra de Gata.

Me alimento masticándolas, cuando llegan desde el móvil, porque saben a dulce miel y fruta fresca recién cogida.

Me pierdo en tus ojos escuchándolas, tan llenos de agua clara que a veces se desbordan, cuando sube la marea, con la luna llena o la brisa.

Quiero sentirlas nacer, con mis manos en tu cuerpo, descubrir como vibran al ser pronunciadas.

Necesito apagarlas en un beso, no para que no se digan, sino para que me lleguen aún más adentro.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

martes, 11 de noviembre de 2008

Aprender una lección

Hay veces que pensamos que tenemos mucho que enseñarle a nuestros pequeños. Haciendo gala de nuestros años y experiencia intentamos demostrarles cómo es el mundo y cómo debe ser. Sin embargo, la mayoría de las veces, son ellos los que tienen mucho que decirnos y no sabemos prestar nuestros oídos a sus palabras.

Ayer fuimos con los niños de los colegios Inés de Suárez y Miralvalle a plantar árboles a la ciudad deportiva. Nuestra intención era concienciarlos de la importancia del respeto al medio ambiente. Al verles el cuidado y el cariño que ponían a esta labor me di cuenta de cuán equivocado estaba.

Son ellos los que me han enseñado a mi, yo actúo movido por unas normas que me han impuesto, ellos hacen suya la norma.




Hasta en los días más nublados

Hasta en los días más grises siempre hay un rayo de sol.

Cuentos de África - La bella Fatiha III

Intentaron dormir, pese al traqueteo de aquel viejo vehículo, con la cabeza hundida entre las piernas, buscando aislarse de la realidad que les rodeaba. Aquellos serían sus compañeros durante un largo viaje pero no eran necesarias las presentaciones. Todos coincidían en un sueño y ese era suficiente para sentirse unidos.

El vehículo se detuvo a 10 kilómetros de la frontera Argelina, dónde el conductor les indicó que no podía seguir, que la proximidad del amanecer hacía peligrosa la travesía y que debía volver a los campos de algodón antes de que se echara en falta su presencia.



Lentamente bajaron del automóvil y comenzaron a caminar, lentamente, como si los pies se aferrasen a aquella tierra que debían abandonar.

Uno de los viajeros sacó del bolsillo un papel arrugado en el que había dibujado el itinerario a seguir. Un militar argelino les dejaría cruzar la frontera previo pago de otros 20.000 francos por persona.

Fatiha se retrasó con la excusa de hacer sus necesidades. Extrajo de su ropa interior 40.000 francos que dividió en dos fajos. Al alcanzar de nuevo el grupo le dio a escondidas uno a Mirenne, para que nadie supiera quién de las dos llevaba el dinero y cuánto llevaban para aquella larga travesía.




Cuando alcanzaron la frontera uno a uno fueron satisfaciendo el pago estipulado, excepto Mirenne, que tuvo que añadir a su cuota 5 minutos de entrega a aquel militar que descargó su impotencia sobre el reseco rostro de la pobre viajera.


Una vez que Mirenne se reincorporó al grupo comenzaron a andar, sin preguntas, sin palabras, adentrándose en un desierto que sería escenario de sus desventuras durante 3 largos meses. Tan solo Fatiha tuvo un gesto para Mirenne. La estrechó entre sus brazos y así caminaron durante horas.

Continuará...

Cuentos de África - La bella Fatiha II

Transcurría julio de 1998 cuando mi padre fue a buscarme a Mérida con la carta de reclutamiento en su mano. Estaba citado para incorporarme a filas el 19 de agosto en Ceuta.

Apenas me dio tiempo a pensar. Abrumado por volver a ver a mi padre y hermanos después de tanto tiempo, y embargado por la emoción, ni siquiera rechisté.

Recogí mis exiguas pertenencias, las que habían ido quedando después de una desalentadora etapa en la ciudad romana, llena de propósitos de aventura y sueños irrealizados, alimentados más de vergüenzas que de prebendas. Eran mis fantasías mi único pábulo y mi cobardía mi refugio.



Abandoné sin mirar atrás aquel cubículo que había sido mi hogar durante los últimos meses, y en silencio emprendí el regreso a casa, de un hijo pródigo que, por vergüenza, no volvió por propia iniciativa sino al que hubo que ir a buscar, y que con lágrimas en los ojos se despedía de la ciudad que le había convertido en el deshecho que regresaba ahora a su familia. Lágrimas no de tristeza sino de apocamiento que hoy recuerdo arrepentido.

Recuerdo mi primer avistamiento de tierras africanas. Un grupo de jóvenes nerviosos nos arremolinábamos en la cubierta de aquel inmenso Ferry para escrutar en el horizonte la tierra que nos acogería durante 9 meses. Era la primera travesía que hacía en un barco de aquella envergadura y la primera en que pisaría otro continente, pero mi mente seguía anclada en tierras extremeñas, buscando una redención del pasado antes que ningún tipo de ilusión en el futuro que nos aguardaba.





lunes, 10 de noviembre de 2008

Historias de la puta mili I (Cuentos de África)


El otro día, ante el inesperado reencuentro con mi amigo Jose Luis Galán, compañero en batallas, ficticias y fingidas, en el africano terruño de Ceuta, prometí iniciar una serie de relatos concernientes a mi experiencia en aquel continente, del que nos separan tan solo unos kilómetros de mar y muchos de historia.

Estos relatos que bautizaré como "cuentos de África" pueden estar salpicados de tanta ficción como realidad. Tan sólo los que me conozcan bien sabrán qué parte es real y cuál ficticia. Dejo en la imaginación de los demás el tratar de adivinar cuánto tienen de cuento y cuánto de verdad.

Algunas de las experiencias allí vividas, y la posición privilegiada (o no) que me permitió vivirlas, me obligan a dejar en la duda cuántas historias narre a partir de este momento...

Comienzo con el primero, que no guarda un orden cronológico con mi estancia en Ceuta, y al que titularé....

La bella Fatiha

No había cumplido aún los 20 años. El caoba de su piel contrastaba con los blancos campos de algodón donde había nacido y pasado dos décadas de hambre, dolor y sufrimiento al norte de la ciudad de Taoudenni, en el siempre beligerante país de Mali.


Alguien había intentado engañarla, junto a todo su pueblo, diciéndole que con la paz de Tombuctú llegaría la tranquilidad y la prosperidad a sus tierras. Sin embargo, tras casi 3 años de espera, sus dedos seguían agrietándose, como su vida, en la recolección de algodón, a cambio de un mísero cuenco de pasta de un cereal indefinible, que se había convertido en su único sustento desde donde alcanzaba su memoria.

Su día transcurría entre los campos de algodón, desde el amanecer hasta el ocaso, y la más negra noche de despiadados malos tratos y violaciones por parte de sus patronos. A sus escasos 20 años había sufrido ya 3 abortos, de otros tantos embarazos, fruto del calvario que vivía cada día al ponerse el sol.



Sus ojos habían dejado de llorar y, aquella noche, al poner sus manos sobre su vientre, de nuevo preñado, decidió no sufrir más y junto a 10 compañeros iniciar el largo viaje, no de búsqueda de la felicidad, si no de huída del infierno. No le importaba quién fuera el padre, pero aquel, por fin, sería su hijo.



El precio de la libertad estaba lejos de su alcance. Armada de valor e ira se adentró en la ciudad y buscó aquella vivienda dónde tantas noches había llegado arrastrada, para acabar ultrajada y violada, antes de ser conducida de nuevo al campo de algodón.

Conocía cada rincón de aquel antro donde aquel día no eran sus gritos si no los de alguna compañera los que rompían el silencio de la noche. Se dirigió a la habitación, alzó aquella especie de hoz que utilizaba para la recogida de algodón, y sin ningún sentimiento de culpa la hendió en el dorso de aquella alimaña que mezcló su último orgasmo con el estertor previo a su muerte. Bajo él, asustada, su compañera Mirenne la miraba entre horrorizada y agradecida. No hizo falta cruzar una palabra.

Cogieron las piezas de valor que pudieron acuñar y un total de 300.000 francos (CFA) que aunque serían insuficientes para el viaje de las dos, ayudaría a costear una gran parte.

Huyeron hasta los campos donde les esperaba un viejo Jeep a bordo del que ya esperaban los que serían sus compañeros de viaje. 10 jóvenes malineses con tanto miedo como ellas y los mismos deseos de libertad.

Pagaron 10000 francos, 5000 por cabeza e iniciaron la primera etapa de su viaje, que concluiría en la frontera Argelina, en las proximidades de Bordj-Mokhtar.

Continuará...

Declaración de intenciones


Quiero tenerte cerca.

Mirar de nuevo tus ojos y naufragar en sus aguas.
Bañarme en ese lago donde la noche es más pura
y al sumergirme en tu iris dejar anillos de luna.

Que se detenga el tiempo para nadar en tu boca,
y se rompa solo el silencio con el eco de mis sueños,
al bucear un suspiro, al respirar de tu aliento.

Quiero volverte a ver.

Que no sea tu mirada un encendido recuerdo,
y no quemen más los besos que guardo entre mis labios,
y torpemente dibujan mis dedos, en cada rincón del cielo.

Quiero sentir en mis yemas cada poro de tu piel,
trazar sobre tu cuerpo garabatos de deseo,
que hoy dibujo en secreto,
como un niño castigado mirando hacia la pared.

Quiero tenerte cerca, quiero volverte a ver.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Olor a campo


He visto un manto rojo y me he puesto a caminar, como una estrella de Hollywood sobre la alfombra de la fama.

Bajo mis pies he sentido el resquebrajar de las hojas recién caídas y he decidido quitarme los zapatos para sentir su tacto. He seguido andando mientras su humedad iba impregnando mis pies descalzos con un inesperado calor que me ha transmitido seguridad.

He escuchado el leve batir de alas de la becada, buscando refugio entre el cobrizo pasto del horizonte y he aspirado el aroma húmedo de la tierra recién regada por las lluvias otoñales.

He clavado mis rodillas en el suave manto de la hojarasca, y me he dejado caer sobre su tenue lienzo, para sentirte más cerca, olor a campo.

viernes, 7 de noviembre de 2008

Frío


Hacía frío y llovía. Decidí esperarte en la calle aunque no me habías asegurado si vendrías. Mis labios amoratados titilaban dejando escapar un ligero castañeteo que acompasaba los leves espasmos de mi cuerpo arrecido. Un manto gris impedía al sol obsequiarme con aquellos rayos que un día habían iluminado nuestros paseos.

Pensé que como siempre, un claro se abriría cuando llegaras, pero sin embargo negros nubarrones se fueron cerrando sobre mi cabeza, mientras la lluvia arreciaba sobre mi cuerpo, que iba estremeciéndose en un guiñapo cada vez más constricto en fetal disposición.

Apenas si podía abrir los ojos, empapados entre el fragor de la lluvia y el salobre gusto de unas lágrimas que predecían tu ausencia.

Mi vieja y raída capa comenzó a pesar, no sé si tanto por el agua acumulada como por el frío reumático que castigaba mis ajados huesos.

Mi cuerpo siguió empequeñeciendo, con mi cabeza cubierta por mis brazos que se cerraban en espiral sobre mi regazo. Ese sobre el que tantas veces te habías dormido.

De pronto una luz me indicó que llegabas. Abrí los ojos y desperté boca abajo. Lloré amargamente aquel frío despertar de mi agónico perecer. Todo era calor y luz.

Acababa de nacer y ya te había soñado.

Roberto Bolaño

- ¿Y por qué le gusta llevar siempre la contraria?
- Yo nunca llevo la contraria

Tenía tanto que darte...

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Palabras


Siempre he presumido de tener palabras para todo. Tonto de mí y engreído. Siempre he buscado la palabra precisa en el momento oportuno y he creído tenerla. Tonto de mí y engreído.

Hoy me ha hecho falta una palabra. Sólo una. Y no la he encontrado. Una palabra de ánimo, de consuelo, de amistad, y no me ha salido.

He querido dar un abrazo con una palabra y me ha faltado su calor. He querido ofrecer una mirada con una palabra y me ha faltado su sinceridad. He querido estrechar una mano con una palabra y me ha faltado su ternura. He querido compartir una lágrima y me ha faltado su emoción.

He querido decirle a Miguel cuanto lo siento y me han faltado todas esas palabras. Espero que sepa entender mi ignorancia.


El viejo galán



No, no es un cuento. No voy a contar la historia de un viejo mujeriego que se caracterizara por sus habilidades en el cortejo y la seducción, aunque sus pinitos hiciera, sino de un viejo amigo que por misterio ha reaparecido.

Todavía no he cruzado una palabra con él. Tan sólo un correo electrónico que decía lo siguiente (sic):

"hola juancarlos soy un viejo compañero de batallas de ceuta espero que te acuerdes de esos momentos por fin doy contigo macho ah se me olvidaba soy jose luis galan de sanlucar de barrameda un abrazo fuerte"

Pero ha sido suficiente para alegrarme el día, quizás la semana.




Galán, allí todos nos conocíamos por el apellido, fue una de esas personas con las que mejor congenié en aquellos meses en Ceuta. Fue mi compinche de venturas y desventuras durante la estancia en regulares y por proximidad alfabética en los apellidos compañero de muchas guardias, cocinas y otros menesterosos servicios a la patria... ¿qué patria?...

Hoy, sin saber cómo, ha sido él quien me ha localizado y me ha dejado ese correo, espero que el primero de muchos, para recuperar aquella amistad forjada en noches a la intemperie y en largas conversaciones bajo el cielo de Ceuta o a bordo de un Ferrys.

En estos momentos en los que la palabra amistad tiembla en mi boca, por timidez, fragilidad o incomprensión, alguien, que aparece de repente, me hace volver a confiar en ella y decir con firmeza, "hola amigo".

Que no se sientan despechados el resto de personas que engrosan esa, no sé si larga pero sí sólida, lista de amigos. No sois vosotros quienes hacéis titilar mis labios al pronunciarla.

Quizás sea un buen momento para inciar una serie de relatos sobre ciertas batallitas.... ahora que además tendré a alguien que las corrobore.

(Perdonad el detalle del vídeo, tan impropio de mi, pero venía muy a cuento... y tampoco he de renegar de mi pasado)

domingo, 2 de noviembre de 2008

El día de todos los santos

Se ha convertido ya en una tradición. Quizás la edad, el cambio de mentalidad o el de intereses y expectativas, o simplemente las condiciones meteorológicas adversas vividas durante varios años, nos hicieron cambiar de costumbre y abandonar el tradicional rito de campo y castañas por esta forma de turismo rural que practicamos ahora. Yo me perdí alguno, como el famoso de Cuacos, por motivos laborales, pero he podido disfrutar del resto, que han convertido esta costumbre en un rito típico, tradicional o costumbrista según el término lingüstico adoptado en el momento y por consenso.

El año pasado tocó Robledillo de Gata, con sus típicas cuestas, su típico olor a chimeneas, su típica iglesia con sus típicas escaleras y su típico coche blanco aparcado en una de sus típicas calles.

Este año el destino era un tanto incierto. El eje focalizador del viaje era el restaurante "O javalí" de Monfortinho, y sus termas. Pero la decepción fue mayúscula ante un balneario de aire modernista y dificilmente visitable y un restaurante, que si bien cumplió justamente, no se acomoda al término de recomendable, ni avala una hora de viaje. (Si bien la compañía ya era aval suficiente para justificar cualquier itinerario y tiempo dedicado)


¿Dónde íbamos esta vez? Esa parecía la gran duda

Pero la sorpresa vendría después. El ascenso a Monsanto nos recordo a todos la subida a Valdastillas, con ese encanto tradicional de las cuestas sinuosas (sin un oso para Iván) y ese continuo descubrir de detalles que destacar y recordar.

Unas piedras en forma de orondo trasero que a todos nos inquietaron, un incómodo adoquinado, inapropiado para los calzados taconados de nuestras acompañantes, pero que te trasladaban a rutas de peregrinos medievales, o un altivo mirador con vistas al cementario, como nota nigromante de un excelente paisaje, de naranjos a punto de reventar, higueras de olor a breva, o de pinceladas verdes sobre castaño de un autor impresionista.

Esta es la portada de nuestro próximo disco de folklore. Falta Javi pero es que alguien tenía que hacer la foto


El silencio de sus calles, el olor a leña recién prendida, el frío grisaceo de sus viviendas, con verdes brotes de humedad del musgo, (que le inferían ese caracter anacrónico del tiempo detenido en el espacio), y el leve susurrar galaico de algún oriundo, (intentandonos descubrir los secretos más ocultos de un cofre plagado de tesoros,) nos fueron envolviendo en la magia ancestral del medievo, y de aquellas casas horadas en la roca, que sirvieron de reposo a los caballeros templarios y a decenas de generaciones por las que el tiempo parece no pasar, detenido en el encanto de la humildad y el arraigo, a un terruño sin futuro, pero con un eterno presente.


Esta es nuestra peña para las fiestas, y nunca mejor dicho lo de "peña"


Quise sentir el frío de sus piedras pero a cambio, sentí el calor de mi gente, absorbidos todos por aquella magia de una tierra sin tiempo, para un cariño sin límites.

Aún así, perdonadme y lo hago en pequeñito para no molestar, eché en falta a alguien

miércoles, 29 de octubre de 2008


Tengo en frente un lienzo en blanco,
un cuaderno vacío y mil historias que contar.

Tengo enfrente un espejo,
que de nuevo sonríe y unos ojos que mirar.

Tengo enfrente un abrazo,
cien caricias y besos que regalar.

Tengo enfrente un futuro,
muchos sueños y tiempo para soñar.

Tengo enfrente tu mirada, asustada,
un mundo por conquistar.

martes, 28 de octubre de 2008

De par en par


No he esperado ni siquiera a que llames.
No ha sido necesario que enrojezcas, ni desolles, tus nudillos contra la fría piedra de esta losa.
No he esperado a que llegases, ni he ojeado por la mirilla si eras tú.
Sólo he necesitado escuchar tu suave caminar.
Sólo he tenido que oir tus pasos entre la hojarasca que el otoño ha amontonado en mi zaguán.
Sólo he percibido el aroma a fruta fresca, recién cortada, que emanas.
Sólo me ha hecho falta saber que estabas ahí.
Y he abierto.
No ya las puertas de esta cueva fría y lúgubre,
sino mis manos para sentirte,
sino mis ojos para perderme
en ti.

lunes, 27 de octubre de 2008

Cerrado por incomprensión


Sí, lo siento por cuantos pasáis por aquí de vez en cuando pero hoy cierra la caverna hasta nuevo aviso.

Lo hace por incomprensión, porque esas personas a las que de vez en cuando necesitas, en lugar de saber leer entre líneas se dedican a interpretar a su libre albedrío las palabras. En lugar de llamarte y preguntar ¿Qué tal?¿Cómo te encuentras? o ¿a qué ha venido esto? prefieren sacar sus propias conclusiones y recriminártelas. Porque son capaces de interpretar un homenaje al gran Cesare Pavese con un autoflagelo de desesperación y obsesión recurrente.

Porque oyen pero no escuchan, porque hablan pero no dicen, porque miran pero no ven, porque atienden pero no entienden, porque juzgan pero no preguntan, porque recriminan pero no comprenden, porque reprochan pero no sienten....

Por eso cierra la caverna hasta nueva orden.

No llaméis. No hay nadie dentro.

domingo, 26 de octubre de 2008

VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.

Cesare Pavese

viernes, 17 de octubre de 2008

A mi amigo Pedro

Al estar fuera de Plasencia no me había enterado de esta triste noticia. Ha sido esta tarde cuando mi hermano me ha dado la mala nueva y no he podido sino estremecerme.

Pedro era lo que simplemente podemos llamar una buena persona, de las mejores. Un hombre con carácter pero un grandísimo corazón. Lo conocí gracias a Radio Plasencia Centro y pronto se convirtió en un colaborador habitual y un gran amigo. Cuándo tuvo su primer susto por la salud, hace ya algunos años, le vi preocupado. Había adelgazado y empezó a cuidarse. Le veía ilusionado y con ganas de vivir y eso me alegró. Era un luchador en todos los sentidos. Un amante de su tierra y un defensor acérrimo de sus intereses, que siempre pasaban por los de su gente.

Hoy no tengo la oportunidad de estar en las Casas para darle un último adiós, pero sin duda me acercaré pronto a uno de esos castaños centenarios, de los que tan orgulloso se sentía, para dedicarle una despedida como merece.

Hasta siempre amigo Pedro.

lunes, 13 de octubre de 2008

Sin vergüenza

Hace unos años, 8 ya, nada menos, los amigos modelistas placentinos me invitaron a convertirme en su maestro de ceremonias, entregando los premios de su certamen anual. Desde entonces cada puente de octubre se caracteriza por este evento que me ha servido para concer personas excepcionales y me ha ayudado a demás a pasar ratos estupendos en su compañía.

En cada edición hemos buscado la sonrisa de los asistentes, de todas partes de España y en algunas ocasiones incluso de América del Sur, con distintas representaciones.

Hemos sido pistoleros, indios, militares, romanos o galos. He dado los premios en albornoz, vestido de hawaiana o con un traje de pinzas (literalmente hablando) y este año le ha tocado el turno al un, dos, tres. En la noche de ayer quisimos rememorar el clásico programa en un pequeño y humilde homenaje a la televisión que nos vio crecer. Y este fue el resultado:




sábado, 11 de octubre de 2008

Recuerdos

Durante meses busqué quien me ayudara a olvidar el pasado,
que equivocado estaba,
de ti quiero que me ayudes a recordar mi futuro ...

(Juan Carlos)



Cuando no tenía claro a que puerto dirigirme,
cualquier viento que soplara,
nunca era a mi favor.

Cuando el mar se muestra en calma
todos somos capitanes,
pero cuando se agiganta
nadie se agarra al timón.

Pero cuando se agiganta
nadie se agarra al timón...

Mi fianza de tristeza,
la pagué hace tanto tiempo,
que ya no me quedan ganas
de luchar por la razón.

Brindo por la lucidez
que me regalan los años
y por tanto desengaño.

En el sitio más profundo
del peor de los caminos,
entre ninguna parte
y el olvido,
yo fui ese animal herido
que se cosió descosidos
y se remendó la piel.

Mis reservas de confianza
las guardo en alguna parte,
lástima que no recuerde
donde las pude dejar.

Tres anillos llevo anclados
alrededor de mi cuello,
que me cuelguen si es por ellos,
que por nadie lloro más.

Convertí lo que más quise
en un triste moridero,
y se estamparon los huesos
de este pobre pecador,
que falto de fe y ateo,
más merece ir al infierno
que tener piso en el cielo.

La experiencia da tristeza,
comprender apena el alma,
y por más que me escabullo
no me escapo de esta piel,
que me conserva la sangre
justo a su temperatura.

Pero no sirve de nada
ante tanta estupidez...

Todos somos capitanes...

Tres anillos llevo anclados
alrededor de mi cuello,
que me cuelguen si es por ellos,
que por nadie lloro más...

Todos somos capitanes...

(Carlos Goñi)

martes, 7 de octubre de 2008

Tolerantes

Muchas veces presumimos de ser liberales, tolerantes y progresistas, de defender los derechos de las personas de otras razas, de los homosexuales, o, simple y llanamente, algo tan sencillo como la igualdad de la mujer, y tras esa falsa e hipócrita máscara se esconden mil prejuicios que nos obligan a mirar a un lado cuando dos hombres se besan, a llevarnos la mano a la cartera cuando nos cruzamos con un extranjero o a gritar por el retrovisor el típico "¡mujer tenía que ser!"

Siempre he pensado que tenía vencidos todos esos estereotipos. Disfruto como acompañante cuando algunas mujeres van al volante, y sufro cuando lo hacen algunos hombres, me encanta que las ciudades se llenen del mosaico de culturas que nos ha ofrecido la inmigración y siempre me he encontrado a gusto entre el colectivo gay-lésbico. Hasta aquí nada que se aleje de la máscara de hipocresía que oculta a muchos xenófobos, homófobos o misóginos.

Sin embargo el otro día, tras oficiar la boda de Rafa y Alberto, pude comprobar que me sentía feliz y orgulloso de haber tomado parte en un acontecimiento tan importante para ellos. Esto no me hace mejor ni peor persona que ninguno, pero me hace reflexionar sobre la insignificancia del género en las relaciones.

Lo importante no era unir a dos hombres en este caso, a un hombre y una mujer en otros, o a dos mujeres en alguno que espero que se de en un futuro, sino unir a personas que se quieren, y que lo demostraban con sus miradas, con sus manos fuertemente enlazadas a lo largo de toda la noche y en sus continuas sonrisas cómplices.

Me sentí realmente cómodo y rodeado de un gran amor que hace que la lucha por conseguir este tipo de derechos haya merecido la pena. Me sentí solidarizado con todas aquellas personas que han sufrido en sus carnes la injusticia de la homofobia, de la intolerancia, de la falta de respeto.

Me sentí bien conmigo mismo porque en mi corazón, en aquel momento, si se encerraba algún sentimiento negativo era tan solo el de la envidia.

Hoy me han hecho llegar una tarjeta de agradecimiento por la ceremonia. No la merezco. Mis palabras se quedaron cortas para describir la gran dosis de humanidad que ellos mismos me transmitieron. Soy yo quien debo estar agradecido.

Dejo como ejemplo de mis palabras anteriores un vídeo que explica perfectamente lo que quería decir:



El peregrino mundo sigue girando


Lo ha vuelto a conseguir. Lo hizo con la "Trilogía de Nueva York" y repitió con "Brooklyn follies". Pensé que con "viajes por el escriptorium" había perdido la magia, la capacidad para angustiarme, para abstraerme de la realidad, para introducirme en la sensibilidad de un fracasado o, quizás, de un demente. Pensé que no volvería a identificarme con uno de sus personajes, a vivir con desesperación la vida de otro, a compartir sus miedos, sus temores, sus noches de insomnio.

Pero lo ha hecho. De nuevo, ahora con "Un hombre en la oscuridad", Paul Auster ha conseguido sacar de dentro mis complejos, mis más recientes obsesiones, mis psicosis y afecciones paranoides.

De nuevo he respirado al ritmo de cada uno de sus personajes, August, Katya o Miriam, he querido inventar historias en mis desvelos para evadir mi realidad, ver películas para evitarla o escribir un libro para abandonarla sobre sus páginas.

Ha vuelto Auster y yo me quedo con una frase, "El peregrino mundo sigue girando"....