viernes, 7 de noviembre de 2008

Frío


Hacía frío y llovía. Decidí esperarte en la calle aunque no me habías asegurado si vendrías. Mis labios amoratados titilaban dejando escapar un ligero castañeteo que acompasaba los leves espasmos de mi cuerpo arrecido. Un manto gris impedía al sol obsequiarme con aquellos rayos que un día habían iluminado nuestros paseos.

Pensé que como siempre, un claro se abriría cuando llegaras, pero sin embargo negros nubarrones se fueron cerrando sobre mi cabeza, mientras la lluvia arreciaba sobre mi cuerpo, que iba estremeciéndose en un guiñapo cada vez más constricto en fetal disposición.

Apenas si podía abrir los ojos, empapados entre el fragor de la lluvia y el salobre gusto de unas lágrimas que predecían tu ausencia.

Mi vieja y raída capa comenzó a pesar, no sé si tanto por el agua acumulada como por el frío reumático que castigaba mis ajados huesos.

Mi cuerpo siguió empequeñeciendo, con mi cabeza cubierta por mis brazos que se cerraban en espiral sobre mi regazo. Ese sobre el que tantas veces te habías dormido.

De pronto una luz me indicó que llegabas. Abrí los ojos y desperté boca abajo. Lloré amargamente aquel frío despertar de mi agónico perecer. Todo era calor y luz.

Acababa de nacer y ya te había soñado.

Roberto Bolaño

- ¿Y por qué le gusta llevar siempre la contraria?
- Yo nunca llevo la contraria

Tenía tanto que darte...

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Palabras


Siempre he presumido de tener palabras para todo. Tonto de mí y engreído. Siempre he buscado la palabra precisa en el momento oportuno y he creído tenerla. Tonto de mí y engreído.

Hoy me ha hecho falta una palabra. Sólo una. Y no la he encontrado. Una palabra de ánimo, de consuelo, de amistad, y no me ha salido.

He querido dar un abrazo con una palabra y me ha faltado su calor. He querido ofrecer una mirada con una palabra y me ha faltado su sinceridad. He querido estrechar una mano con una palabra y me ha faltado su ternura. He querido compartir una lágrima y me ha faltado su emoción.

He querido decirle a Miguel cuanto lo siento y me han faltado todas esas palabras. Espero que sepa entender mi ignorancia.


El viejo galán



No, no es un cuento. No voy a contar la historia de un viejo mujeriego que se caracterizara por sus habilidades en el cortejo y la seducción, aunque sus pinitos hiciera, sino de un viejo amigo que por misterio ha reaparecido.

Todavía no he cruzado una palabra con él. Tan sólo un correo electrónico que decía lo siguiente (sic):

"hola juancarlos soy un viejo compañero de batallas de ceuta espero que te acuerdes de esos momentos por fin doy contigo macho ah se me olvidaba soy jose luis galan de sanlucar de barrameda un abrazo fuerte"

Pero ha sido suficiente para alegrarme el día, quizás la semana.




Galán, allí todos nos conocíamos por el apellido, fue una de esas personas con las que mejor congenié en aquellos meses en Ceuta. Fue mi compinche de venturas y desventuras durante la estancia en regulares y por proximidad alfabética en los apellidos compañero de muchas guardias, cocinas y otros menesterosos servicios a la patria... ¿qué patria?...

Hoy, sin saber cómo, ha sido él quien me ha localizado y me ha dejado ese correo, espero que el primero de muchos, para recuperar aquella amistad forjada en noches a la intemperie y en largas conversaciones bajo el cielo de Ceuta o a bordo de un Ferrys.

En estos momentos en los que la palabra amistad tiembla en mi boca, por timidez, fragilidad o incomprensión, alguien, que aparece de repente, me hace volver a confiar en ella y decir con firmeza, "hola amigo".

Que no se sientan despechados el resto de personas que engrosan esa, no sé si larga pero sí sólida, lista de amigos. No sois vosotros quienes hacéis titilar mis labios al pronunciarla.

Quizás sea un buen momento para inciar una serie de relatos sobre ciertas batallitas.... ahora que además tendré a alguien que las corrobore.

(Perdonad el detalle del vídeo, tan impropio de mi, pero venía muy a cuento... y tampoco he de renegar de mi pasado)

domingo, 2 de noviembre de 2008

El día de todos los santos

Se ha convertido ya en una tradición. Quizás la edad, el cambio de mentalidad o el de intereses y expectativas, o simplemente las condiciones meteorológicas adversas vividas durante varios años, nos hicieron cambiar de costumbre y abandonar el tradicional rito de campo y castañas por esta forma de turismo rural que practicamos ahora. Yo me perdí alguno, como el famoso de Cuacos, por motivos laborales, pero he podido disfrutar del resto, que han convertido esta costumbre en un rito típico, tradicional o costumbrista según el término lingüstico adoptado en el momento y por consenso.

El año pasado tocó Robledillo de Gata, con sus típicas cuestas, su típico olor a chimeneas, su típica iglesia con sus típicas escaleras y su típico coche blanco aparcado en una de sus típicas calles.

Este año el destino era un tanto incierto. El eje focalizador del viaje era el restaurante "O javalí" de Monfortinho, y sus termas. Pero la decepción fue mayúscula ante un balneario de aire modernista y dificilmente visitable y un restaurante, que si bien cumplió justamente, no se acomoda al término de recomendable, ni avala una hora de viaje. (Si bien la compañía ya era aval suficiente para justificar cualquier itinerario y tiempo dedicado)


¿Dónde íbamos esta vez? Esa parecía la gran duda

Pero la sorpresa vendría después. El ascenso a Monsanto nos recordo a todos la subida a Valdastillas, con ese encanto tradicional de las cuestas sinuosas (sin un oso para Iván) y ese continuo descubrir de detalles que destacar y recordar.

Unas piedras en forma de orondo trasero que a todos nos inquietaron, un incómodo adoquinado, inapropiado para los calzados taconados de nuestras acompañantes, pero que te trasladaban a rutas de peregrinos medievales, o un altivo mirador con vistas al cementario, como nota nigromante de un excelente paisaje, de naranjos a punto de reventar, higueras de olor a breva, o de pinceladas verdes sobre castaño de un autor impresionista.

Esta es la portada de nuestro próximo disco de folklore. Falta Javi pero es que alguien tenía que hacer la foto


El silencio de sus calles, el olor a leña recién prendida, el frío grisaceo de sus viviendas, con verdes brotes de humedad del musgo, (que le inferían ese caracter anacrónico del tiempo detenido en el espacio), y el leve susurrar galaico de algún oriundo, (intentandonos descubrir los secretos más ocultos de un cofre plagado de tesoros,) nos fueron envolviendo en la magia ancestral del medievo, y de aquellas casas horadas en la roca, que sirvieron de reposo a los caballeros templarios y a decenas de generaciones por las que el tiempo parece no pasar, detenido en el encanto de la humildad y el arraigo, a un terruño sin futuro, pero con un eterno presente.


Esta es nuestra peña para las fiestas, y nunca mejor dicho lo de "peña"


Quise sentir el frío de sus piedras pero a cambio, sentí el calor de mi gente, absorbidos todos por aquella magia de una tierra sin tiempo, para un cariño sin límites.

Aún así, perdonadme y lo hago en pequeñito para no molestar, eché en falta a alguien

miércoles, 29 de octubre de 2008


Tengo en frente un lienzo en blanco,
un cuaderno vacío y mil historias que contar.

Tengo enfrente un espejo,
que de nuevo sonríe y unos ojos que mirar.

Tengo enfrente un abrazo,
cien caricias y besos que regalar.

Tengo enfrente un futuro,
muchos sueños y tiempo para soñar.

Tengo enfrente tu mirada, asustada,
un mundo por conquistar.

martes, 28 de octubre de 2008

De par en par


No he esperado ni siquiera a que llames.
No ha sido necesario que enrojezcas, ni desolles, tus nudillos contra la fría piedra de esta losa.
No he esperado a que llegases, ni he ojeado por la mirilla si eras tú.
Sólo he necesitado escuchar tu suave caminar.
Sólo he tenido que oir tus pasos entre la hojarasca que el otoño ha amontonado en mi zaguán.
Sólo he percibido el aroma a fruta fresca, recién cortada, que emanas.
Sólo me ha hecho falta saber que estabas ahí.
Y he abierto.
No ya las puertas de esta cueva fría y lúgubre,
sino mis manos para sentirte,
sino mis ojos para perderme
en ti.

lunes, 27 de octubre de 2008

Cerrado por incomprensión


Sí, lo siento por cuantos pasáis por aquí de vez en cuando pero hoy cierra la caverna hasta nuevo aviso.

Lo hace por incomprensión, porque esas personas a las que de vez en cuando necesitas, en lugar de saber leer entre líneas se dedican a interpretar a su libre albedrío las palabras. En lugar de llamarte y preguntar ¿Qué tal?¿Cómo te encuentras? o ¿a qué ha venido esto? prefieren sacar sus propias conclusiones y recriminártelas. Porque son capaces de interpretar un homenaje al gran Cesare Pavese con un autoflagelo de desesperación y obsesión recurrente.

Porque oyen pero no escuchan, porque hablan pero no dicen, porque miran pero no ven, porque atienden pero no entienden, porque juzgan pero no preguntan, porque recriminan pero no comprenden, porque reprochan pero no sienten....

Por eso cierra la caverna hasta nueva orden.

No llaméis. No hay nadie dentro.

domingo, 26 de octubre de 2008

VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
desde el alba a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un absurdo defecto. Tus ojos
serán una palabra inútil,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola te inclinas
ante el espejo. Oh, amada esperanza,
aquel día sabremos, también,
que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
asomar un rostro muerto,
como escuchar un labio ya cerrado.
Mudos, descenderemos al abismo.

Cesare Pavese

viernes, 17 de octubre de 2008

A mi amigo Pedro

Al estar fuera de Plasencia no me había enterado de esta triste noticia. Ha sido esta tarde cuando mi hermano me ha dado la mala nueva y no he podido sino estremecerme.

Pedro era lo que simplemente podemos llamar una buena persona, de las mejores. Un hombre con carácter pero un grandísimo corazón. Lo conocí gracias a Radio Plasencia Centro y pronto se convirtió en un colaborador habitual y un gran amigo. Cuándo tuvo su primer susto por la salud, hace ya algunos años, le vi preocupado. Había adelgazado y empezó a cuidarse. Le veía ilusionado y con ganas de vivir y eso me alegró. Era un luchador en todos los sentidos. Un amante de su tierra y un defensor acérrimo de sus intereses, que siempre pasaban por los de su gente.

Hoy no tengo la oportunidad de estar en las Casas para darle un último adiós, pero sin duda me acercaré pronto a uno de esos castaños centenarios, de los que tan orgulloso se sentía, para dedicarle una despedida como merece.

Hasta siempre amigo Pedro.

lunes, 13 de octubre de 2008

Sin vergüenza

Hace unos años, 8 ya, nada menos, los amigos modelistas placentinos me invitaron a convertirme en su maestro de ceremonias, entregando los premios de su certamen anual. Desde entonces cada puente de octubre se caracteriza por este evento que me ha servido para concer personas excepcionales y me ha ayudado a demás a pasar ratos estupendos en su compañía.

En cada edición hemos buscado la sonrisa de los asistentes, de todas partes de España y en algunas ocasiones incluso de América del Sur, con distintas representaciones.

Hemos sido pistoleros, indios, militares, romanos o galos. He dado los premios en albornoz, vestido de hawaiana o con un traje de pinzas (literalmente hablando) y este año le ha tocado el turno al un, dos, tres. En la noche de ayer quisimos rememorar el clásico programa en un pequeño y humilde homenaje a la televisión que nos vio crecer. Y este fue el resultado:




sábado, 11 de octubre de 2008

Recuerdos

Durante meses busqué quien me ayudara a olvidar el pasado,
que equivocado estaba,
de ti quiero que me ayudes a recordar mi futuro ...

(Juan Carlos)



Cuando no tenía claro a que puerto dirigirme,
cualquier viento que soplara,
nunca era a mi favor.

Cuando el mar se muestra en calma
todos somos capitanes,
pero cuando se agiganta
nadie se agarra al timón.

Pero cuando se agiganta
nadie se agarra al timón...

Mi fianza de tristeza,
la pagué hace tanto tiempo,
que ya no me quedan ganas
de luchar por la razón.

Brindo por la lucidez
que me regalan los años
y por tanto desengaño.

En el sitio más profundo
del peor de los caminos,
entre ninguna parte
y el olvido,
yo fui ese animal herido
que se cosió descosidos
y se remendó la piel.

Mis reservas de confianza
las guardo en alguna parte,
lástima que no recuerde
donde las pude dejar.

Tres anillos llevo anclados
alrededor de mi cuello,
que me cuelguen si es por ellos,
que por nadie lloro más.

Convertí lo que más quise
en un triste moridero,
y se estamparon los huesos
de este pobre pecador,
que falto de fe y ateo,
más merece ir al infierno
que tener piso en el cielo.

La experiencia da tristeza,
comprender apena el alma,
y por más que me escabullo
no me escapo de esta piel,
que me conserva la sangre
justo a su temperatura.

Pero no sirve de nada
ante tanta estupidez...

Todos somos capitanes...

Tres anillos llevo anclados
alrededor de mi cuello,
que me cuelguen si es por ellos,
que por nadie lloro más...

Todos somos capitanes...

(Carlos Goñi)

martes, 7 de octubre de 2008

Tolerantes

Muchas veces presumimos de ser liberales, tolerantes y progresistas, de defender los derechos de las personas de otras razas, de los homosexuales, o, simple y llanamente, algo tan sencillo como la igualdad de la mujer, y tras esa falsa e hipócrita máscara se esconden mil prejuicios que nos obligan a mirar a un lado cuando dos hombres se besan, a llevarnos la mano a la cartera cuando nos cruzamos con un extranjero o a gritar por el retrovisor el típico "¡mujer tenía que ser!"

Siempre he pensado que tenía vencidos todos esos estereotipos. Disfruto como acompañante cuando algunas mujeres van al volante, y sufro cuando lo hacen algunos hombres, me encanta que las ciudades se llenen del mosaico de culturas que nos ha ofrecido la inmigración y siempre me he encontrado a gusto entre el colectivo gay-lésbico. Hasta aquí nada que se aleje de la máscara de hipocresía que oculta a muchos xenófobos, homófobos o misóginos.

Sin embargo el otro día, tras oficiar la boda de Rafa y Alberto, pude comprobar que me sentía feliz y orgulloso de haber tomado parte en un acontecimiento tan importante para ellos. Esto no me hace mejor ni peor persona que ninguno, pero me hace reflexionar sobre la insignificancia del género en las relaciones.

Lo importante no era unir a dos hombres en este caso, a un hombre y una mujer en otros, o a dos mujeres en alguno que espero que se de en un futuro, sino unir a personas que se quieren, y que lo demostraban con sus miradas, con sus manos fuertemente enlazadas a lo largo de toda la noche y en sus continuas sonrisas cómplices.

Me sentí realmente cómodo y rodeado de un gran amor que hace que la lucha por conseguir este tipo de derechos haya merecido la pena. Me sentí solidarizado con todas aquellas personas que han sufrido en sus carnes la injusticia de la homofobia, de la intolerancia, de la falta de respeto.

Me sentí bien conmigo mismo porque en mi corazón, en aquel momento, si se encerraba algún sentimiento negativo era tan solo el de la envidia.

Hoy me han hecho llegar una tarjeta de agradecimiento por la ceremonia. No la merezco. Mis palabras se quedaron cortas para describir la gran dosis de humanidad que ellos mismos me transmitieron. Soy yo quien debo estar agradecido.

Dejo como ejemplo de mis palabras anteriores un vídeo que explica perfectamente lo que quería decir:



El peregrino mundo sigue girando


Lo ha vuelto a conseguir. Lo hizo con la "Trilogía de Nueva York" y repitió con "Brooklyn follies". Pensé que con "viajes por el escriptorium" había perdido la magia, la capacidad para angustiarme, para abstraerme de la realidad, para introducirme en la sensibilidad de un fracasado o, quizás, de un demente. Pensé que no volvería a identificarme con uno de sus personajes, a vivir con desesperación la vida de otro, a compartir sus miedos, sus temores, sus noches de insomnio.

Pero lo ha hecho. De nuevo, ahora con "Un hombre en la oscuridad", Paul Auster ha conseguido sacar de dentro mis complejos, mis más recientes obsesiones, mis psicosis y afecciones paranoides.

De nuevo he respirado al ritmo de cada uno de sus personajes, August, Katya o Miriam, he querido inventar historias en mis desvelos para evadir mi realidad, ver películas para evitarla o escribir un libro para abandonarla sobre sus páginas.

Ha vuelto Auster y yo me quedo con una frase, "El peregrino mundo sigue girando"....

martes, 30 de septiembre de 2008

"Cojito" ergo sum

Pues sí, queridos lectores, como muchos habréis evidenciado por mi última entrada y otros habréis comprobado en persona en los últimos días me encuentro cojito.

Un pequeño lance con mi moto, la rampa de bajada a la cochera, la lluvia y mi clara impericia al manillar, me obligó a tirarme del vehículo en cuestión, (que para chulo yo no me caigo sino que me tiro), y dar con mis humildes, y por lo que veo sensibles, huesos y músculos en la tierra.

Por lo que veis, y tanquilidad de cuantos os hayáis preocupado, o preocupación de cuantos se hayan alegrado, no ha sido nada. Tan solo un importante hematoma, que ante mi falta de fe, ha vestido de nazareno mi pierna, por aquello de si a falta de cura, (4 misas en menos de un mes por las fiestas de los barrios), toma cardenal.

Sin embargo dos días de inmovilidad, contrariado por faltar a citas que me imaginaba únicas, me han servido para filosofar, supongo que más movido por el exceso de calmantes que por el de neuronas destinadas a tal fin, llegando a la conclusión descartiana, con su autorización por el juego de palabras, de "cojito" ergo sum. (Vamos si Descartes se lo copió a Agustín de Hipona no creo que ahora le moleste que yo se lo plagie con ligeras variaciones)

Pues sí, "cojito" luego existo, que sería una libre traducción del plagio realizado. Porque aunque el incidente me haya arrastrado renqueante por Plasencia y sus alrededores no he dejado de existir, manque le pese a muchos que ni siquiera se han preocupado en preguntar por mi salud, aún a sabiendas de que dicha impertinencia me había privado de asistir a eventos que conformaban gran parte de mis sueños.

A aquellos que piensen que mi cojera se debe a haberme arrancado antes de tiempo de un bancal de tierra al margen del camino, como si del amanece que no es poco de Cuerda procediera, he de decirles que no, que si de algo presumo es de mi formación completa y, aunque no a gusto de todos, sí mi propio cultivo con sus cuidados injertos.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Mi primer partido

Era su día. Llevaba meses esperándolo, entrenando al más alto nivel y buscando esa oportunidad. Dedicó mañana, tarde y noche al entrenamiento. Apenas si salía. Había perdido el contacto con la gran mayoría de sus amigos e incluso su familia le reprochaba el exceso de celo que había puesto en aquel partido.

Aquella noche apenas había dormido. La llamada del entrenador la tarde anterior le había excitado tanto que no se acordó ni de cenar. "¿No querías jugar?", le dijo, "pues mañana tienes tu oportunidad". Habían sancionado con un partido al jugador del equipo superior que ocupaba su puesto, y el suplente estaba afectado por una gastroenteritis. No quería alegrarse por el mal ajeno, pero aquellas dos pequeñas desgracias le daban la oportunidad de debutar en primera y nada menos que en un derby.

El campo estaría lleno. No quería que nadie se lo perdiese. Cogió la agenda y fue llamando uno a uno a todos sus amigos para comunicarselo. La gran mayoría ya lo sabía por los medios de comunicación, que una vez más se habían adelantado a la noticia, pero quería asegurarse que no faltara nadie. Llamó a Iván, a Patricia, a Ana, a Gema..., (sólo se ahorró una llamada por saber que no contestaría)

Todos estarían allí para verle jugar aunque fueran unos minutos. Pensó en las veces que él les había fallado por llegar a estar ahí, y se alegró de que ahora le respondiesen con tanta pasión. Iba a ser el día de todos. Ya pensaba incluso en la celebración posterior. Daba igual el resultado, lo importante era jugar y, ¿por qué no imaginar?, incluso marcar.

Se levantó temprano, salió a correr por el barrio y fue saludando a sus vecinos. Todos conocían la noticia, la habían repetido varias veces en varias cadenas de televisión nacionales, y le felicitaban y deseaban suerte. Incluso tuvo que firmar algún autógrafo.

Regresó a casa orgulloso, quizás incluso un poco engreído, pero pronto volvió a su realidad y se concentró en lo que le esperaba. Fue a recogerle a casa el segundo entrenador. Por el camino hablaron de lo que aquello significaba, y su acompañante le contó cómo vomitó de nervios el día de su debut.

El campo estaba lleno. Nunca le había parecido tan grande, ni el terreno ni las gradas. Todo se hizo inmenso de repente. Dirigió su mirada hacia una esquina del graderío donde estaban las filas correspondientes a las entradas que había reservado para sus amigos. Allí, una pequeña pancarta, casi insignificante en la inmensidad del resto del campo figuraba su nombre acompañado de un "te queremos", que le hizo emocionarse. Le flaquearon las piernas y tuvo que sentarse.

Un compañero que había sido 56 veces internacional con la selección se acercó a darle ánimos. Le contó también momentos de su estreno con el primer equipo y cómo se había encerrado durante más de media hora llorando en el baño.

Bajó al vestuario, recibió los últimos ánimos y las instrucciones de su entrenador. Le comentó que no saldría de inicio, pero que seguramente disputaría unos minutos. Primero iban a probar una táctica en la que dejaban su puesto al descubierto, pero que seguramente tendrían que recurrir a él si no funcionaba.

Esto no le desanimó. Iba a compartir banquillo con jugadores que había coleccionado durante años en sus álbumes de cromos. Eso era ya todo un orgullo.

En el minuto 10 perdían ya 0-1. Justo por su banda se había colado un contrario que de un zurdazo había perforado la portería sin que nadie pudiese evitarlo. El mister le mandó calentar.

Salió a correr la banda para ejercitar los músculos. Pensó que no lo necesitaba. Era tal la tensión acumulada que lo que tenía que hacer era enfriarlos en lugar de calentarlos, pensó.

En su deambular por la parte exterior del terreno de juego estaba más pendiente del partido que del propio calentamiento, aunque no podía evitar escuchar los gritos de ánimos que proferían los aficionados más cercanos. Un compañero que calentaba junto a él le dijo que no se acercara a la zona de corner. Los aficionados rivales tenían tomada aquella parte de la grada y estaban bastante exaltados.

No llegó a oirlo. Según cruzó la línea del área pequeña se le nubló la vista. Cuando despertó el partido había acabado y estaba en la efermería. Al final habían ganado 5-1 pero él no había participado. Un desaprensivo de la afición rival había lanzado una botella al campo que impactó contra su cabeza. Habría muchos partidos, como todos le dijeron, pero él se había perdido el que hasta aquel momento había considerado el más importante de su vida.

Así me he sentido por no poder ir al concierto de esta noche. Un pequeño, pero suficiente, accidente de moto lo ha evitado. Mientras, casi todos mis amigos han disfrutado de ese 5-1. Si no han sido más... Eso sí, la gran mayoría se han acordado de grabarme los goles.

Muchas gracias Iván, Patricia, Ana y Jose Juan.




Algo he debido hacer muy mal para que todos los sueños se me nieguen de esta forma sistemáticamente.


miércoles, 24 de septiembre de 2008

El desván del duende en rumbalibre


Estaban en el escenario, subidos, como en un concierto cualquiera, cantaban, quizás, "manos abiertas", "sin vértigo" o "a tu lado", ¿qué más da? Ya los había escuchado mil veces, más de trescientas sin exagerar, aunque algunas letras habían variado sensiblemente seguían siendo las mismas que un día me hicieron soñar...

Cerré los ojos y fui descontando sonidos, se me fue el saxo, algo de percusión, alguna voz y hasta el bajo, volví a ver a aquellos cuatro chicos ilusionados que un día no se creían que fueran a tocar en público ante 3000 personas en un concierto con el arrebato.

Fui pasando uno a uno, tantas vivencias, tantas ilusiones, tantos sueños juntos y tantos kilómetros. Jose, el eterno huesped, el quinto hermano, una noche de poesía. Jorge, el sentimiento, un abrazo, una lágrima, una confesión. Antonio una canción de Sabina, una broma, un guiño. Miguel, una llamada, un reconocimiento, una mano tendida.

Volví a abrir los ojos, despacito, para que fueran apareciendo el resto poco a poco, Lupe, Carlos, Joaquín... por ese orden. Habían crecido. Aquel pequeño escenario de la facultad se había convertido en un gran tablao, pero los sentimientos seguían siendo los mismos, los sueños volaban ahora a ritmo de macetas de colores hasta la mismísima Minneapolis.

Volví a llorar con la niña buena, que ahora me alimenta de malayerba. Mientras, un nudo marinero me encogía el corazón. Lancé señales de humo, que solo escuchó el duende Manué ,y solté a los cuatro vientos un grito de esperanza que cruzó de orilla a orilla.

El sábado volveré a verlos... en Zafra, en un festival que sé que mi hermano Jose ha hecho con todo el cariño, espero veros a todos allí, se lo debemos.



lunes, 22 de septiembre de 2008

Un día

Desbrozo espigas de ironía de tu selva de poesía,
que encuentra tus reproches escondidos tras una leve sonrisa.

Paseo a tu lado mientras esbozo esta elegía
bajo un sol de septiembre que se oculta tras la isla.

Entono una canción diez veces repetida,
y canto en voz bajita, para no estropear su melodía.

Subo a la Virgen del Puerto y despierto a sus servitas,
busco regalices de hinojos de una primavera tardía.

Vemos "Gran hermano" y nos quedamos con la china,
gritas de terror al no entender una montaña asesina.

Encuentro adoquines de lluvia por encima de tu pantorrilla
y me guardo tu mirada en una fotografía.

Espero aquí sentado a que me regales otro día.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Bébetela - Luis Alberto de Cuenca

Dile cosas bonitas a tu novia:
«Tienes un cuerpo de reloj de arena
y un alma de película de Hawks.»
Díselo muy bajito, con tus labios
pegados a su oreja, sin que nadie
pueda escuchar lo que le estás diciendo
(a saber, que sus piernas son cohetes
dirigidos al centro de la tierra,
o que sus senos son la madriguera
de un cangrejo de mar, o que su espalda
es plata viva) . Y cuando se lo crea
y comience a licuarse entre tus brazos,
no dudes ni un segundo:
bébetela.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Un año


Llegaste aquí hace un año. Te asomaste tímida y no te atreviste a hablar. Durante dos días permaneciste atenta, pero era necesario tu empujón para que continuara. Así ha sido durante un año, siempre en la sombra, a veces distante pero siempre ahí. Para darme ese pequeño empujón cuando lo necesito.

Hoy hace un año que te asomaste, que pretendiendo ser una mujer innombrable me descubriste Paraíso.

Poco a poco fuimos inventándonos nuestro Paraíso, hoy seguimos diseñándolo, seguimos buscándolo, embarcados en el viaje que iniciamos hace un año (menos dos días)

Muchas gracias por estar ahí y felicidades.

domingo, 7 de septiembre de 2008

La felicidad de las pequeñas cosas

Tomo el testigo de mi hermano Iván y mi cuñada Patricia y asumo el meme enviado por ambos en el que debo enumerar ya no sé si 6, 7 ó 10 cosas que me hacen feliz cada día.

No siempre es fácil recordar esas pequeñas cosas que nos hacen feliz cada día, ya que muchas caducan al tiempo y pasan a engrosar la lista de aquellas que en su día nos hacían feliz y hoy... nos causan nostalgia.

Sin embargo hay muchas que perduran en el tiempo y son a las que realmente debemos aferrarnos para mantener la sonrisa y darle al sol gracias por brillar un día más para alumbrar esos pequeños detalles que nos animan a levantarnos y cantar.... "good morning... good morning....".

1. Me hacen feliz las migas del español y su café en vaso de caña con leche templada. Y por qué no, tirar algún día la casa por la ventana, y la dieta por el balcón, con un medio bollo plancha con tomate, aceite y sal, mientras Pedro me cuenta chistes o David lanza piropos a la chica de turno.

2. Me hace feliz la sonrisa de mis secretarias y el buenos días que cada mañana llena el ayuntamiento, porque sale del corazón.

3. Me hace feliz el agradecimiento de un ciudadano anónimo porque ha visto crecer un árbol, o porque su cesped vuelve a ser verde, o porque le gustan las obras de la isla, o porque simplemente reconoce que no pude hacer más por salvar su ficus.

4. Me hacen feliz mis amigos. Una llamada diaria de al menos uno de ellos, sólo por saludar. Un abrazo oportuno, una palabra precisa, una sonrisa dedicada, un guiño cómplice, una bronca a tiempo, un aliento necesario, un apoyo incondicional... (Mario, Robert, Jose, Helena, Mamen, Noelia, Carlos, Naiara, Edu, Gema, Ana, ....)

5. Me hace feliz descontar días hasta el 25 de julio del año que viene y saber que casaré, sí, yo, a dos de las personas que más quiero en el mundo.

6. Me hace feliz mi madre. Cenar con ella mientras me cuenta el último chiste que le ha escuchado a Arguiñano o los cotilleos de la frutera del Día.

7. Me hace feliz mi padre y sus estadísticas. Su control del mercado automovilístico y hasta los metros cúbicos de hormigón que ha echado esta semana.

8. Me hacen feliz mis hermanos, y sus mujeres (o novia) y saber que siempre están ahí y que siempre tienen un oído para cualquier palabra.

9. Me hace feliz mi piso, tenerlo no muy limpio pero tampoco sucio y saber que en él puedo encontrar a la gente que quiero solo con llamarlos.

10. Me hace feliz el sonido del teléfono cuando llega un mensaje esperado, o más si es inesperado, o una llamada de cualquiera de los antes mencionados.

11. Me hace feliz ver que aún me faltarían cien números para enumerar las cosas que me hacen feliz.

Paso el meme a Carlos (el moxu), a la Cuky, a Naiara si se hace un blog, al Alelo y a todos los que quieran apuntarse a recrear las cosas que le hacen feliz.


miércoles, 3 de septiembre de 2008

Que no nos suceda, que no vuelva a pasar...


Si fuera más guapa y un poco más lista
Si fuera especial, si fuera de revista
Tendría el valor de cruzar el vagón
Y preguntarte quién eres.

Te sientas en frente y ni te imaginas
Que llevo por ti mi falda más bonita.
Y al verte lanzar un bostezo al cristal
Se inundan mis pupilas.

De pronto me miras, te miro y suspiras
Yo cierro los ojos, tú apartas la vista
Apenas respiro me hago pequeñita
Y me pongo a temblar

Y así pasan los días, de lunes a viernes
Como las golondrinas del poema de Bécquer
De estación a estación enfrente tú y yo
Va y viene el silencio.

De pronto me miras, te miro y suspiras
Yo cierro los ojos, tú apartas la vista
Apenas respiro, me hago pequeñita
Y me pongo a temblar.

Y entonces ocurre, despiertan mis labios
Pronuncian tu nombre tartamudeando.
Supongo que piensas que chica más tonta
Y me quiero morir.

Pero el tiempo se para y te acercas diciendo
Yo no te conozco y ya te echaba de menos.
Cada mañana rechazo el directo
Y elijo este tren.

Y ya estamos llegando, mi vida ha cambiado
Un día especial este once de marzo.
Me tomas la mano, llegamos a un túnel
Que apaga la luz.

Te encuentro la cara, gracias a mis manos.
Me vuelvo valiente y te beso en los labios.
Dices que me quieres y yo te regalo
El último soplo de mi corazón.

martes, 2 de septiembre de 2008

Una tarde

Un abrazo, un beso en la mejilla, una sonrisa, un café, ver en tus ojos los girasoles ciegos, una canción, unas risas, un bocadillo compartido, una sin alcohol que embriaga, mi mano en tu mano, una leve caricia, un hasta luego en tu puerta, un mensaje, una llamada, casi un año... una tarde.

lunes, 1 de septiembre de 2008

40 días

Gran parte de las fiestas y ciclos litúrgicos se establecen teniendo en cuenta las efemérides solares (Navidad, san Juan, san José), la combinación de éstas con el ciclo lunar (Pascua) o el ciclo lunar en exclusiva (Ramadán).

También las hay de carácter climatológico, profesional o gremial, local y nacional.

Pero hay otras, y también ciclos litúrgicos o festivos, que se establecen en base a un número particular, el 40, en tanto que duran 40 días o se celebran 40 días antes o después de alguna otra efeméride particular.

Un número que aparece a menudo en múltiples manifestaciones y referentes culturales.

Así, por ejemplo, leemos en la Biblia que fueron 40 los días que duró el diluvio (Génesis 7:17), que Jesús pasó 40 días en el desierto (Lucas 5,1-13; Marcos 1,12-13; Mateo 5,1-11) y los israelitas 40 años en el Sinaí (Deuteronomio 1).

El 40 también está presente en diversas manifestaciones litúrgicas, como las 40 horas, ejercicio de piedad tradicional católica en recuerdo de las horas pasadas por Jesús dentro del sepulcro y consistente en la adoración durante ese tiempo del santísimo sacramento.

Por su parte, la tradición musulmana afirma que el alma del difunto ha de esperar 40 días para ser juzgada y llegar al paraíso, y es a partir de entonces cuando los familiares pueden visitar la tumba.

Pero las tradiciones asociadas al 40 no son sólo de carácter religioso.

Así, por ejemplo, se establecen con frecuencia periodos de espera de 40 días, llamados cuarentenas, tanto para la prevención de contagios como para la regeneración de los tejidos después del parto (con la consiguiente abstinencia sexual durante ese período)

También son significativos determinados dichos o refranes:

* Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo.
* De los 40 p'arriba no te mojes la barriga.

En definitiva, el 40 aparece como referente en numerosas manifestaciones culturales relativas a la medida del tiempo, generalmente asociado a períodos de espera o al anuncio de cambios.





Hoy se cumplen 40 días de mi estancia en el desierto.