viernes, 30 de abril de 2010

Valientes

Creo recordar que se llamaba Ahmed. No estoy seguro, quizás nunca presté tanta atención a su nombre como a sus palabras, aunque fuera lo único que no le quisiera discutir. Era el padre de Mah, un saharaui desvergonzado de 10 años que seguramente hoy, con la mayoría de edad cumplida, esté por Extremadura en una familia acomodada, no sé si más o menos presente de las penurias vividas en el desierto.

Ahmed era delgado, rozando lo enclenque. De rostro anacrónico, escarpado de trazos subrayados. Dijérase que podía esconderse detrás de su kalasnnikov, un viejo rifle de empuñadura de madera con el que incluso dormía.



De su boca, rodeadas del humo de un cigarro sempiterno, brotaban palabras de odio e ilusión que hablaban de una guerra por ganar y de mil batallas perdidas. Aferraba su viejo fusil con fuerza y prometía volver un día a la tierra de la que fue expulsado, sobre una alfombra de sangre traicionera.

Intenté disuadirle sin éxito en aquellas noches de largas conversaciones en que se enfrentaban razón e ilusión. Yo, del lado de mi lógica, él desde su fe.

Su guerra apenas consistía en robar, de cuando en cuando, un cetme o, con muchísima suerte un vehículo, al bando marroquí. Mi paz consitía en sumar tés esperando que el mundo ,que durante años les dio la espalda, girara su cabeza para ver, y solucionar, tal injusticia. No nos pudimos convencer pues ninguno de los dos nos hubiésemos dejado, pero los dos eramos conscientes de que en caso contrario defenderiamos las mismas posturas que ahora criticábamos.

Ahmed seguirá luchando, posiblemente, si las fuerzas no le han fallado y si su débil corazón de guerrillero sigue latiendo. Mañana se levantará a las 7, y con su kalashnikov acudirá, como cada día de los últimos 11.000 (o más), a la frontera con Marruecos, y en su árida haima habrá fiesta si robaron, acaso munición.

Ahmed era un valiente, aunque su razón, que no es distinta que la mía, también le explicaba cada mañana que la guerra estaba perdida, seguía luchando por mantener vivo el sueño de volver un día a su tierra.

Las luchas personales no entienden de la fuerza del rival, tan sólo de que rendirse puede ser dejar de soñar.

A mi amigo Alberto.

martes, 20 de abril de 2010

Desorden

A veces mi caminar errático parece el ebrio andar sin rumbo del moribundo, el denodado navegar contracorriente de un barco de cáscara de nuez ante la ira de Eolo, o la vertiginosa caída de Ícaro abrasado por la cera que el sol fundió en su espalda. Pero en sus indecisos pasos avanza, torpemente, aprendiendo del futuro que imagina más que del pasado que intenta aleccionarle con ideas preconcebidas.

Avanza con la satisfacción de que cada paso, acertado o fallido, lo dio con la libertad de querer caminar, no de tenerlo que hacer, con la ilusión de buscar mi destino, no el destino.

Pero en ese angosto camino sé que estás ahí y sé que me intuyes; que aunque mis huellas se salgan del camino de baldosas amarillas que te gustaría que siguiese, para dejar restos de barro en su delicada porcelana que otros vendriais a limpiar, mis pasos siguen marcando un sendero que discurre sinuoso entre la felicidad de sentirme único y la desolación de sentirme solo.

En realidad no estoy lejos sino al lado, en el arcén pedregoso por el que mis pies caminan con mayor facilidad, lejos del vertiginoso ritmo que quiere marcar tu autopista. Apartado de las ráfagas de aire que me impulsan a la cuneta al adelantarme por la vía rápida, pero también lejos de las caravanas del domingo familiar de filetes empanados y tortilla. Por eso avanzo, y llego, y cuando buscas a tu lado sigo ahí porque nunca me fui, sólo tracé mi itinerario al margen de convencionalidades para evitar crear atascos, para impedir que mi deambular dubitativo entorpeciese el viaje a quienes queríais correr más o distinto.

A lo mejor en ocasiones olvidé señalizar mi maniobra o, al contrario, dejé tanto tiempo puesto el intermitente que pensasteis que olvidé apagarlo. No importa, me encontrarás en el siguiente apeadero, con mi cesta de mimbre abierta para seguir compartiendo su contenido. La encontrarás desordenada, pero siempre podrás comer de ella, aunque sea el postre antes que la sopa.

martes, 13 de abril de 2010

Yo casé a Alberto y Rafa

Hoy, gracias al blog del amigo Ricardo, me encuentro esta noticia en la prensa Nicaragüense y me siento orgulloso de haber participado activamente en el enlace de Alberto y Rafa.

Gracias a los dos por permitirme en su momento ser una minúscula parte de la lucha por las libertades de las personas.

http://www.laprensa.com.ni/2010/04/11/nacionales/21463

jueves, 1 de abril de 2010

Sigo soñándote

Me he sentado en el verde de tus ojos
a esperar amanecer,
y he dormido en la miel de tu mirada
aguardando al alba.

Me ha sorprendido en un reflejo de tu iris
al despertar la aurora,
y en esas pequeñas sombras
que lo iluminan me resguardé del sol.


Me he refugiado en tus labios
del rocío de la mañana y
he soñado en tu boca
al albor del día.

He respirado tu aliento
que me devolvió la vida,
y en tu voz he encontrado
la melodía que olvidé.

He depositado en tu aliento un beso
y desperté de mi sueño
en el frío invierno.

domingo, 28 de marzo de 2010

Haz la casita

Hoy he ido a esquiar por primera vez. Aunque mi buen amigo Mario había insistido en reiteradas ocasiones para que le acompañara alguna vez a la práctica de este deporte, ha sido otra gran amiga, Elena, la que me ha convencido para que lo hiciera.

Mi falta de equilibrio, mi pobre forma física, y mis temores me han llevado a practicar durante horas la actividad de caída y recuperación. He caído de mil formas diferentes sobre cien partes distintas de mi cuerpo, cómo ahora me recuerdan mi rodilla dolorida, mis nalgas amoratadas y algún que otro hematoma disperso por distintos lugares de mi cuerpo.

Durante todo este aprendizaje de "maneras de caer y volver a levantarse" todo el mundo a mi alrededor ha insistido con un consejo: "Haz la cuña". Lo he intentado. He agachado el culo, doblado las rodillas, girado los tobillos, juntado y separado los pies; tantos movimientos extraños que más bien parecía el nuevo baile de King África... con nulo resultado. Una y otra vez mis esfuerzos rodaban sobre la nieve.

Tras 3 ó 4 horas de denodados, pero inútiles, esfuerzos se ha acercado una niña de no más de 3 años al verme caer y me ha dicho "haz la casita".

Se refería a la misma postura de cuña en la que tanto habían insistido a mi alrededor durante horas pero, no sé por qué motivo, al levantarme, he colocado mis pies, y los esquís han frenado automáticamente. He avanzado unos metros, he vuelto a colocar mis pies, y de nuevo he conseguido frenar. Desde ese momento no puedo decir que haya esquiado ni siquiera como un familiar lejano de los Fernández Ochoa, pero al menos he conseguido soltarme y disfrutar esquiando del resto de la tarde.

A veces escuchamos los consejos que nos dan a nuestro alrededor para que dejemos de caer siempre en los mismos errores y no somos capaces de corregir nuestra postura. Tiene que ser la dulce voz de la inocencia la que, con sus propias palabras, nos haga reaccionar.

jueves, 11 de marzo de 2010

Mi guerra


No creía en la guerra.
Enarbolaba en mi mano siempre
una blanca bandera de la paz.
Hasta que me sentí asediado.

Hasta que una metralla de tu sonrisa
atravesó mi pecho.
Hasta que la punzante saeta de tu mirada
se hendió en mi corazón.

Sangraba, inerte.
Lloraba,
viendo como por mis heridas se fugaba
gran parte de mi vida.

Cómo la coraza que, con la paciencia
de un alquimista, había forjado
alrededor de mis sentimientos
se había resquebrajado.

Cómo el yelmo de mi conciencia,
que me resguardaba de viejos daños,
caía sobre el albero de un anfiteatro vacío
en el que solo tú y Atenea,
diosas del amor,
disfrutaban del espectáculo.

Dibujé un Guernica de corazones,
un 2 de mayo de flores,
y caí rendido como Botticelli,
al triunfo de Venus en Marte.

Postré mis grebas en tierra,
rasgué mi lóriga para dejar que me abatieras.

No mostré resistencia.

Y un susurro certero,
de tu dulce voz, letal,
cercenó mi brunia,
y se incrustó por siempre
en mis pensamientos.

Te quiero y te necesito


Llegaste a mi en una tarde de junio,
¿o fue una mañana de invierno?.

Vitales,
como el tibio sol de un amanecer
descubrí tus ojos.

Pronto la prístina luz de tu mirada
se me antojó esencial.
Necesaria, indispensable,
para despertar cada mañana.

Luego, como un susurro, llegó tu voz.
Un canto de sirenas
para el que Ulises, incauto,
no me había atado al mastil principal.

Caí en su eco, como
una nota desafinada que se apaga
ante la más deliciosa melodía,
como la luz de una vela que se pierde
ante el resplandor
de la aurora boreal.

Ahora solo repito cada día,
"te quiero y te necesito".

miércoles, 10 de marzo de 2010

Libre


Naciste silvestre
como las margaritas de tus fotos
como la flor que nunca,
acabaste de pintar.

Creciste libre,
como las plantas,
que con tanta delicadeza cuidas,
y esos pequeños insectos
que vuelan hasta tus dedos
para sentirte respirar.

Maduraste sativa,
como la flor de la cereza,
como la raíz del almendro,
como la blanca orquídea
que espera tu mirada
para poder despertar.


Vives alodial,
sin saber sin embargo
que me tienes cautivo.

Siento celos de la luna


Siento celos de la luna
que te observa cada noche;
que enchida de luz se muestra
para ofrecerte su manto
y se viste de caracola
porque hoy saliste a buscarla,
mientras te espera en la sierra
con su falda nacarada.

Siento celos de la luna
porque rodea tu cuerpo;
porque dibuja tus senos
con el brillo que te alumbra
y refleja en tus labios
el fulgor de su pasión.

Siento celos de sus rayos
que te perfilan la piel;
que acarician tus cabellos,
que los convierten en miel.

Siento celos de la luna
que reverbera en tus ojos,
de esas motas diminutas
que en tus lágrimas se bañan;
luciérnagas de perla y oro
en un remanso esmeralda.

Siento celos de la luna
que se esconde entre las nubes
para espiarte discreta,
enamorada de ti.

Siento celos de la luna
porque también está loca,
y desaparece en la noche
soñando, igual que yo,
con un amor imposible.

Vendrás con la brisa del valle


Apostado en un rincón de tu memoria
aguardo un gesto,
un guiño,
un olor que te recuerde a mi.

Que te devuelva
a aquella tarde de verano
en que nos conocimos.

Quizás un rayo de sol que se fije
en tu espalda,
como mi mirada adormecida cayó
sobre tu omóplato desnudo para vivir allí.

No tengo prisa,
sólo espero que el canto de la oropéndola,
la brisa del valle que arrastra un simpático estornudo,
te traiga a mi.

Aguardo a que una noche de marzo,
una madrugada en vela,
me devuelva a ti.

Espero que un día tu memoria
tropiece con la mía y comprendas que esta
siempre estuvo allí.

lunes, 8 de marzo de 2010

Siempre es otoño


Las desnudas ramas del almendro me devuelven

a la realidad de un confuso otoño,

disfrazado de primavera,

en la que buscan su blanca flor.


Perecí a la ilusión del cerezo,

blanco de nieve,

presagio de un inminente invierno

que heló mi esperanza.

Es otoño.


Creí por momentos ver en flor el almendro y el cerezo,

pero era el lecho canoso de este solsticio de diciembre,

que engañaba a mi corazón.


Mis ilusiones se vieron reflejadas en sus rígidas varas,

que aguantaban a la intemperie el rigor de la helada,

penitentes,

por haber soportado la belleza de una primavera que pasó,

y que regaló sus frutos a unos labios que no eran los míos.


Pasó su tiempo, como el mío.

Pasó el verano y siempre es otoño.

domingo, 7 de marzo de 2010

En el teatro


Apoyas suavemente tu mejilla izquierda
sobre tu hombro.
Dejas al descubierto tu cuello desnudo,
depósito imaginario de mil besos,
que quisiera suavemente posar en tu trapecio.

Brillan tus ojos en la penumbra
de una platea en la que el escenario pierde poder y
te erige en protagonista de una obra,
da igual cual,
en la que alguien extrae de tus labios una sonrisa
que me inunda y quiero acariciar.

Siento tu aroma llegar desde el sillón delantero
y me embriago en él,
recogiéndolo en la memoria para disfrutarlo,
sorbo a sorbo, al llegar a casa.

Luces un precioso vestido que
atrevido,
dibuja tu silueta con la perfección
de unos dedos, que te han perfilado mil veces,
de memoria, en la triste soledad
de mi cama.

Intento rozar tu piel,
con delicadeza y alevosa timidez,
sin molestar, sólo por sentir en mis yemas
el calor de tu cuerpo,
o por ósmosis, sofocar el mío.

Me pierdo en un carcajada
que me traslada a tu felicidad
dispuesto a sacrificar la mía,
por ti.

sábado, 6 de marzo de 2010

Domingo


Un rayo perdido de sol en la mañana
que se filtra por no se qué agujero
en mi persiana,
me dice que es de día.

No quiero despertar y saber
que duermo sólo.
Quiero que vuelva la noche.
Volver al reino de los sueños.
Regresar a los brazos de Morfeo
y entregarme a ti.

¡Maldito sol, huye de mi vista! ¿no ves
que estoy enamorado de la luna
y de quien bajo su influjo me dijo adiós
con dos besos?

¡No!
Murió la luna de celos, al verte
pasear bajo su luz,
con tus ojos de mar, tu sonrisa
de azahar y tu cabello
de seda.

Se apagaron las estrellas a tu paso
al no poder competir con tu
belleza y se apagó Orión,
a la sombra de tus senos.

Se hizo la noche al verte,
porque así pude soñar,
que contigo,
tenía la luz.

No me despiertes, maldito sol.

jueves, 4 de marzo de 2010

Conxuro


El son de las muiñeiras me condujo por caminos de mi infancia. Lembranzas de puericia entre “pandereiras” y “tamboraidas” que me sumen en un sueño de niñez.

Perseguido siempre por “meigas nas que non creio”, pero que cada vez que se cruzan en mi camino, o yo en el suyo por tierras del Sil, tañen sus pieles curtidas en un bucólico cántico, que me traslada a esas calles de A Guarda en que conservo mi inocencia.

Suelo llevarles mis sueños, mis ilusiones y deseos, con la esperanza de que en un hechizo devengan realidad. Ayer llevé tu recuerdo. En un “caldeiro” de barro con olor a brasa de eucalipto, a mijo y miel conjuraron tu nombre.

Mezclaron ojos de gato negro, uñas de duende y la flor de un recóndito rincón de los bosques das fadas, junto a la sangre de un chivo joven. Lo movieron de derecha a izquierda con una cuchara de madera de haya que se cría en Fisterra.

La “meiga mais vella” me miró a los ojos y me preguntó. ¿Tanto la quieres para recurrir al averno solo por besarla?

Respondí afirmativamente.

“Vengo del propio infierno, que es mi vida sin ella.”

viernes, 26 de febrero de 2010

Ya no hay playas en las que naufragar


Ya no siento la arena
de las playas en mis pies
y esta caracola
no devuelve tu eco.

El mar es olor a petroleo
de recuerdos encallados,
y quema sin justicia el sol
mis ojos ciegos.

La sal se hace amarga
con la lluvia de mis párpados,
y el horizonte no contiene
el barco de papel
de tu sonrisa.

Ya no es verde
el reflejo de tu cielo
ni acarician tu espalda las olas
de mis dedos.

Ya no hay nombres
escritos en la orilla
ni castillos en que ondee
tu bandera.

Ya no navegan
tus labios en los mios
ni tu calor
broncea mis sueños.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Walt Whitman

La mesa está puesta para el hombre.
Aquí está la carne para el apetito natural.
Siéntate.
Que se sienten todos:
el malvado
y el justo.
No desdeño a ninguno.
Que nadie se quede a la puerta.
La manceba,
el parásito
y el ladrón
están invitados;
y el negro cimarrón
y el sifilítico también.
No habrá diferencias
ni privilegios para nadie.
Que se sienten todos.
Esto es el apretón de una tímida mano,
el perfume natural de una cabellera desbordante,
el contacto de mis labios con los tuyos,
el jadeo de mi ansiedad,
el reflejo de mi cara en las alturas y en las profundidades insondables……..
es el deseo premeditado de mezclarme con todos…… y escaparme después.
¿Creéis que tengo algún propósito oculto?
Tal vez lo tenga
porque las lluvias de abril lo tienen
y la mica pegada en el costado de la roca lo tiene también.
¿Soy yo un asombro?
¿Es un asombro la luz del día?
¿Es un asombro la primera estrella roja que tiembla entre las ramas?
¿Asombro yo más que ellas?
Voy a decirte algo en secreto.
Es la hora de las grandes confidencias,
de decir grandes cosas al oído.
No se las diría a cualquiera,
pero a ti sí te las digo. Escucha:

jueves, 28 de enero de 2010

lunes, 25 de enero de 2010

En mi descargo

He amado.
No sé si bien o mal,
sólo sé que he amado.
A mi estilo,
y lo he entregado todo.

He amado a mujeres, sobre todo,
pero también a hombres, a cosas, a ideas...
y muchos me han fallado, alguna vez.
¿O habré sido yo quién les ha fallado?

He amado sonidos, o sus ecos,
imágenes, o sus reflejos,
espacios, o sus ausencias.

He amado un amanecer,
pero no cualquiera.
No era el mismo sol que saldrá mañana,
nisiquiera el que hoy me ha despertado con tu voz.
No era la misma luz que iluminó tu cara,
nisiquiera era ya tu cara.
Por eso ya no amo el amanecer,
aunque seguro que volveré a amarlo.

He amado,
y me he sentido vivo.

jueves, 21 de enero de 2010

Micorriza

Con la intención de reservar esta caverna exclusivamente para lo más personal he iniciado hoy una nueva andadura bloguera en la que dejaré mis reflexiones políticas.

La podéis seguir a través de:

www.micorriza2.blogspot.com

miércoles, 20 de enero de 2010



Falling Slowly

I don't know you
But I want you
All the more for that
Words fall through me
And always fool me
And I can't react
And games that never amount
To more than they're meant
Will play themselves out

Take this sinking boat and point it home
We've still got time
Raise your hopeful voice you have a choice
You'll make it now

Falling slowly, eyes that know me
And I can't go back
Moods that take me and erase me
And I'm painted black
You have suffered enough
And warred with yourself
It's time that you won

Take this sinking boat and point it home
We've still got time
Raise your hopeful voice you had a choice
You've made it now
Falling slowly sing your melody
I'll sing along

lunes, 11 de enero de 2010

Año de nieves...


Foto tomada desde mi ventana a las 8:15 de hoy

viernes, 8 de enero de 2010

La playa

Le gustaba pasear por la playa, sentir cada mañana la suave caricia de la arena y el frescor del agua que caía suave, enterrándo sus pies ligeramente. Salía temprano, e iba observando como detrás de si dejaba un rastro de pisadas que se perdían en el horizonte. Siempre el mismo camino que trazaba un día tras otro, resignado a ver como lo borraban las olas, a tenerlo que a recorrer cada mañana. Sabía que no duraría más de unas horas, que la marea lo cubriría de nuevo, hasta el siguiente amanecer.

Aquella mañana el mar estaba embravecido. Furioso chocaba contra las piedras en un sonoro chasquido que rompía el habitual ulular de las olas. Las gaviotas volaban nerviosas. Clavó sus pies en la arena intentado dejar su huella, pero rápidamente el mar las cubría de piedras, algas y restos de conchas. Loco, desesperado, corrió de un lado a otro, intentado que sus huellas fuesen más rápidas que el violento mar, pero apenas había andado dos pasos cuando de nuevo sus pisadas se habían desvanecido. Luchó, sudó y fatigado cayó al suelo mezclando el salobre de su llanto con el sabor del mar.

La marea lo arrastró hacia el interior y desapareció.

Hoy no quedan sus huellas, ni han vuelto a dibujarse en la arena. Tampoco nadie quiso nunca seguir sus pasos.

lunes, 28 de diciembre de 2009

2009. El hombre más feliz del mundo

Hoy, que miro atrás, como cada año, buscando imágenes para hacer un resumen del año que se cierra, me doy cuenta de que me gustaría alargarlo eternamente y seguir saboreando los momentos que lo han convertido en, posiblemente, el mejor año de mi vida.

Quizás por eso, como premonición, decidí empezarlo un día antes, y en aquel año nuevo improvisado 33 abrazos me demostraron el valor de la amistad. 33 abrazos de distintos puntos de España que sacudieron mis emociones, en un inmerecido gesto de fraternidad, que nunca sabré cómo agradecer.

Aquel día, yo, que siempre me he considerado a los ojos de la gente como un patán irresponsable, como un díscolo Quijote que se entretiene a jugar al ajedrez con sus gigantes mientras arden sus molinos, recibí una lección de fe que aún hoy me hace estremecer sin saber si estaré capacitado para responder. Cuando mi hermano y mi cuñada me ofrecieron ser padrino de mi primer sobrino, Alejandro, me temblaron, y aún lo hacen, las piernas.

Era la manera más hermosa de comenzar el año. La razón por la que inconscientemente había celebrado aquella fiesta. El mayor gesto de confianza que nadie nunca había depositado en mi. Hoy sigo dudando si era merecedor de este regalo, si podré responder correctamente, pero sé que si algo vale, daría mi vida por él. Espero no defraudar nunca a quienes me confiaron esta responsabilidad.

Este año no voy a hacer un recorrido mes a mes por su calendario como en otras ocasiones. De este año solamente quiero remarcar tres de los momentos más importantes de mi vida.

  • Iván siempre ha sido especial para mi. No sé si por ser el pequeño, si por coincidir en gustos o aficiones o simplemente por ese caracter arrollador que le convierte en una persona exclusiva. Esa mezcla de ingenuidad casi infantil y sobriedad venerable, de coherencia y constancia, de madurez y sensibilidad... Iván es la responsabilidad que me falta y la infancia que perdí. Patricia es su hemisferio. Estoy convencido de que si hubiesen nacido en dos partes remotas del mundo habrían terminado encontrándose. Patricia es amor, comprensión, cariño, pero también genio e ingenio, solvencia, lucidez, enjundia, raciocinio... Por eso poder unirlos, que el destino me diera la oportunidad de ser quien ejecutase oficialmente el designio de permanecer unidos bajo el que habían nacido, me hizo feliz. El hombre más feliz del mundo.

  • Alejandro es sonrisa. Es el motor bajo el que ahora bombea sangre mi corazón. Es la nana que me acuna cada noche y me aleja de mis pesadillas y el agua fresca que cada mañana me despierta para afrontar el nuevo día. Lo oí llorar. En el pasillo del hospital sonaba un llanto infantil, un llanto de vida que pronto identifiqué. Era mi primer contacto con el que sería mi ahijado, aquel sereno llanto que decía "ya estoy aquí". Le oí llorar y fui feliz. El hombre más feliz del mundo.
  • Mis padres son sacrificio. Son el esfuerzo diario por sacar adelante una familia. Son kilómetros de distancia con los que tejieron la manta que cubrió nuestros fríos, con los que dibujaron el plato que nos alimentó cada día, con los que escribieron la constancia que nos educó y con los que extendieron las raíces que nos hicieron crecer. Mi padre es horas de soledad en una habitación, es días de sol y lluvia en una perdida carretera, es kilómetros de oscuridad hasta llegar al hogar, es lucha y tesón por vernos crecer, aunque fuera cada quince días. Mi madre es la soledad de una cama vacía, es la maleta preparada para cambiar de vida constatemente, es la llamada esperada, la respuesta adecuada, el plato de sopa, el libro de la vida. Por eso, cuando los vi felices en la fiesta de jubilación, de jubilación de ambos, de abandono de una vida de sacrificios, fui feliz. El hombre más feliz del mundo.
Además tenerte ahí. Sí, justo ahí. Me hace feliz. El hombre más feliz del mundo.

Espero tener otros 4 motivos así para destacar en 2010.

Frases para la historia


"Si Dios no hubiese querido que comieramos animales, ¿cómo es que los hizo de carne?"
Sarah Palin, Ex-Gobernadora de Alaska
(de esparto para que no se la coman)

No suelo colgar frases celebres en mi web, pero esta me ha soprendido tanto que tenía que compartirla con vosotros. Desde luego es una sentencia irrevocable ya que si Dios (de existir) hubiese querido que no nos comiésemos a los animales lo justo es que los hubiese protegido haciéndolos de aluminio o metacrilato. Claro que es que a nosotros nos da por comer cualquier cosa y si son de carne porque son de carne, pero si fueran de canónigos también nos los tragariamos, "lo que se mueva a la cazuela".

Con frases como esta uno comprende como esta señora llegó a ser gobernadora republicana de los EEUU en Alaska, un sitio dónde lo lógico es tener las ideas frescas, y por lo que veo la alimentación también.

No olvidemos que esta señora fue candidata a la vicepresidencia de los EEUU afirmando que comandaba una misión divina y que posteriormente apareció en un vídeo recibiendo un exorcismo para espantar las brujas y demonios que se interponían en su camino. Quizás fue ahí dónde Dios le dijo... "¿no te das cuenta Sarah de que si los animales son de carne será por algo... ?anda pasame el jamón...."

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Cantar un villancico

Mañana será Nochebuena. Compartiré mesa con algunas de las personas a las que más quiero, en un lugar diferente de los habituales en estas fiestas, pero faltarán otras muchas con las que me gustaría cenar en un día tan especial y cantar con ellos un villancico.

No soy creyente, creo que lo repito tanto como Extremoduro cuando afirman que son drogadictos, pero lo mio es más sano. O no.

Pese a mi ateísmo me gustan estas fechas y las celebro con devoción. Me ilusiona ver la felicidad, a veces obligada e hipócrita, pero casi siempre sincera, de las personas, sobre todos los niños, en estos días. Me encanta gritar "¡Feliz Navidad!" al cruzarme con alguien al pasar por la calle o quedarme absorto mirando las luces reflejadas en la pupila de un niño. No sé por qué me hace tan feliz el solsticio de invierno.

No creo en la religión pero creo en las personas. Quizás por eso. Reformulo la expresión. No creo en la religión porque creo en las personas, y por eso me apetece cantar un villancico con ellos estas navidades.


Creo en mi familia.

  • En mis padres a los que al final la vida les regala el tiempo y la compañía.
  • En mi madre que ya no tiene que esperar la llamada de los miércoles o el fin de semana para disfrutar de un matrimonio que se hizo intermitente.
  • En mi padre que no volverá a maldecir las sábanas frías y vacías de un sucio hostal o una descuidada casa de alquiler.
  • En mi hermano Javi y mi cuñada Noelia que han dibujado su amor y sus ilusiones en la sonrisa de Alejandro.
  • En mi hermano Raul y mi cuñada Raquel que regalan cariño y comprensión en cada gesto.
  • En mi hermano Iván y mi cuñada Patricia que son capaces de convertir 151 kilómetros en milímetros y acariciarse con palabras.
  • En Alejandro que me hace vivir.

Creo en mis amigos.

  • Creo en Mario, mi vecino-hermano de Barcelona, que pese a la distancia vive puerta con puerta siempre a mi lado.
  • Creo en Roberto, el Peter Pan que es capaz de trasladarme cada día al país de Nunca Jamás.
  • Creo en Jose que me regala canciones y poesías envueltas en un abrazo.
  • Creo en Elena que me ha convencido de que un mundo mejor es posible si está adornado con su voz.
  • Creo en Alberto que me ha enseñado que el mejor bastón para caminar son los amigos.
  • Creo en Mamen y Escudero que han recuperado juntos la sonrisa que añoraba.
  • Creo en Cristina y Jordi que ven crecer la ilusión en una ecografía.
  • Creo en Noelia que cambia sonrisas por respuestas y las deja olvidadas, a propósito, en la cara del entrevistado.
  • Creo en Helena que es capaz de abrazarme desde Madrid y hacer que sienta su calor.
  • Creo en Naiara, el hada madrina capaz de aparecer en cualquier sitio si la necesitas.
  • Creo en Carlos que me ha demostrado que el corazón es una parte del universo.
  • Creo en Eduardo que contagia fuerza y poder de sacrificio
  • Creo en Maria José y Jose, capaces de guardar la vida en una maleta persiguiendo una ilusión.
  • Creo en Sonia que me debe un café, dos libros y mil besos y abrazos.
  • Creo en Victor que me ha paseado por el mundo enganchado a un blog.
  • Creo en Gema que guarda la poesía en un vendaval de palabras.
  • Creo en Techi que me descubrió a la mujer.
  • Creo en Ana, mi hermanita (con eso lo digo todo)
  • Creo en Carmen, que me pidió prestado el corazón en el Sahara y ahora se lo ha llevado a Perú.
  • Creo en Lorena que no es consciente de cuánto da porque le preocupa demasiado lo que recibe.
  • Creo en Mónica que un día será presidenta de la Junta o incluso del gobierno.
Creo en ti que me estás leyendo y siento no haberte nombrado.

Creo en Enrique, en Toñi, en Carmen, en Rubén, en Carlitos, en Tania, en Virginia. Creo en David, en Mariaje, en Alicia, en Miguel, en Jorge, en Isa. Creo en Gloria, en Gemita, en Killo. Creo en Oscar, en Jose Juán, en Chus, en Juanmi, en Eduardo. Creo en Juanito, en Pepi, en Inés, en Pedro.

Creo en todos cuántos me ayudáis a vivir. Muchas gracias.

Estas navidades quiero cantar un villancico con vosotros.