lunes, 15 de octubre de 2007

Un día

Un día vio un cartel en las paredes de su ciudad. Sonrió y se quedó mirando el poster. Recordó los buenos momentos pasados, también los malos. Echó mano a sus bolsillos vacíos y se dió la vuelta, pensando en recordar viejos tiempos. Pero no sabía dónde. Volvió a su casa vacía, puso un disco y abrió un libro. Era lo único que le quedaba.

12 comentarios:

UnaExcusa dijo...

Y los amigos.

Anónimo dijo...

En esta vida tenemos la fortuna de poder contar cada día con un nuevo amanecer.

José Manuel Díez dijo...

what???

No me queda claro, ya me explicarás este post...

Juanita Bages dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
juanita dijo...

...que le quedaba para empezar a recorrer los caminos de su memoria, hechando un vistazo pausado a esos recuerdos que al fin y al cabo, son sólo fragmentos, como el cartel que lo llevó a recordar. Escondido en las las páginas de un libro, busca sentise más seguro para perderse en la nostalgía de lo vivido...

Iván H. Bermejo dijo...

¿Lo único que le quedaba? ¿No se sentaría en una caja vacía? ¡Los hay con suerte...!

Arwen dijo...

Y el recuerdo, y el poster, y la imagen y, como dice unaexcusa, los amigos.

Juan Carlos dijo...

Sonó la puerta. Alguien había despegado aquel cartel y, sin saber por qué acudía allí a preguntar. Le dijo pasa... y se pusieron a hablar. A recordar viejos tiempos

Patricia dijo...

Jo, cuñao, qué pena.

Yo a veces, siento lo mismo.

Un besazo.

Nube dijo...

Jo! Me he perdido toda la historia. Me está resultando imposible pasarme por aquí últimamente... con lo agustito que se está... Juan Carlos guárdame mi cojín que vuelvo prontito ok??

P.D. Ví tus flores. No he podido sentarme tranquilamente, por eso no te he dicho nada, en cuanto vuelva te lo agradezco ok?? De momento mil besos!

Nube dijo...

No sé si tus rosas y los deseos que impregnaban sus pétalos tengan algo que ver, pero hoy, y sólo aquí, en tu caverna, me atrevo a decir que poquito a poco todo parece ir llendo a mejor. Tampoco puedo presumir de ser valiente, pues si soy capaz de hacer tal afirmación es sólo porque aquí me siento "protegida": entre tus cojines de plumas, tus palabras (que normalmente son como cómodas almohadas en las que apoyarte cuando lo necesitas),los sugus (que siempre están ahí para endulzar un mal momento) y las paredes de la caverna que posiblemente hagan resurgir en forma de eco mis tímidas palabras una y otra vez, pero que no las dejarán escapar si yo no quiero hacéis que me sienta bien, tan bien como en casa. Así que bueno...aun confesando que me da pánico decir (e incluso pensar) que las cosas van mejorando con el tiempo, hoy realmente me apetecía compartir este tímido sentimiento...y ... dónde mejor que aquí...

P.D.: Espero que a pesar del tiempo que ha pasado desde la última vez que agaché la cabecita para entrar en la caverna, aun haya un cojín para mí guardado en una esquinita. Tengo muchísimas ganas de sentarme tranquilamente y pasar un laaargo rato leyendo, poniéndome al día de lo que haya sucecido por aquí y volver a ser una incondicional. Me haces un huequecito otra vez?

P.D.: Aunque ahora sí tengo tiempo aun no encuentro las palabras para agradacerte realmente por las 12 rosas. De momento mil gracias por emplear un ratito de tu tiempo y un puñadito de tus palabras para hacerme sonréir. Lo conseguiste ;)

Juan Carlos dijo...

Os tengo que pedir disculpas a todos por mi absentismo en los últimos días, pero lo haré en una entrada aparte.
Aquí tan solo agradecer a nube su vuelta. Ha venido, como todas las nubes, con el otoño, pero en lugar de traer melancolía trae optmismo, lo que se agradece por estos fueros.
Claro que tienes aún tu cojín, lo he ahuecado cada mañana esperando que entraras a ocuparlo de nuevo.Tus palabras no solo resuenan en forma de eco en las paredes de la caverna, sino que siguen garabateadas en sus puertas. Porque aquí no está prohibido escribir en las puertas mensajes de entrada a una vida, a un sentimiento, sino que las puertas, que siempre están abiertas, se ponen exclusivamente para eso.

Entra, siéntate en tu cojín, que hoy he rociado de perfume y contágianos de ese optimismo que te ha hecho regresar.