lunes, 10 de noviembre de 2008

Historias de la puta mili I (Cuentos de África)


El otro día, ante el inesperado reencuentro con mi amigo Jose Luis Galán, compañero en batallas, ficticias y fingidas, en el africano terruño de Ceuta, prometí iniciar una serie de relatos concernientes a mi experiencia en aquel continente, del que nos separan tan solo unos kilómetros de mar y muchos de historia.

Estos relatos que bautizaré como "cuentos de África" pueden estar salpicados de tanta ficción como realidad. Tan sólo los que me conozcan bien sabrán qué parte es real y cuál ficticia. Dejo en la imaginación de los demás el tratar de adivinar cuánto tienen de cuento y cuánto de verdad.

Algunas de las experiencias allí vividas, y la posición privilegiada (o no) que me permitió vivirlas, me obligan a dejar en la duda cuántas historias narre a partir de este momento...

Comienzo con el primero, que no guarda un orden cronológico con mi estancia en Ceuta, y al que titularé....

La bella Fatiha

No había cumplido aún los 20 años. El caoba de su piel contrastaba con los blancos campos de algodón donde había nacido y pasado dos décadas de hambre, dolor y sufrimiento al norte de la ciudad de Taoudenni, en el siempre beligerante país de Mali.


Alguien había intentado engañarla, junto a todo su pueblo, diciéndole que con la paz de Tombuctú llegaría la tranquilidad y la prosperidad a sus tierras. Sin embargo, tras casi 3 años de espera, sus dedos seguían agrietándose, como su vida, en la recolección de algodón, a cambio de un mísero cuenco de pasta de un cereal indefinible, que se había convertido en su único sustento desde donde alcanzaba su memoria.

Su día transcurría entre los campos de algodón, desde el amanecer hasta el ocaso, y la más negra noche de despiadados malos tratos y violaciones por parte de sus patronos. A sus escasos 20 años había sufrido ya 3 abortos, de otros tantos embarazos, fruto del calvario que vivía cada día al ponerse el sol.



Sus ojos habían dejado de llorar y, aquella noche, al poner sus manos sobre su vientre, de nuevo preñado, decidió no sufrir más y junto a 10 compañeros iniciar el largo viaje, no de búsqueda de la felicidad, si no de huída del infierno. No le importaba quién fuera el padre, pero aquel, por fin, sería su hijo.



El precio de la libertad estaba lejos de su alcance. Armada de valor e ira se adentró en la ciudad y buscó aquella vivienda dónde tantas noches había llegado arrastrada, para acabar ultrajada y violada, antes de ser conducida de nuevo al campo de algodón.

Conocía cada rincón de aquel antro donde aquel día no eran sus gritos si no los de alguna compañera los que rompían el silencio de la noche. Se dirigió a la habitación, alzó aquella especie de hoz que utilizaba para la recogida de algodón, y sin ningún sentimiento de culpa la hendió en el dorso de aquella alimaña que mezcló su último orgasmo con el estertor previo a su muerte. Bajo él, asustada, su compañera Mirenne la miraba entre horrorizada y agradecida. No hizo falta cruzar una palabra.

Cogieron las piezas de valor que pudieron acuñar y un total de 300.000 francos (CFA) que aunque serían insuficientes para el viaje de las dos, ayudaría a costear una gran parte.

Huyeron hasta los campos donde les esperaba un viejo Jeep a bordo del que ya esperaban los que serían sus compañeros de viaje. 10 jóvenes malineses con tanto miedo como ellas y los mismos deseos de libertad.

Pagaron 10000 francos, 5000 por cabeza e iniciaron la primera etapa de su viaje, que concluiría en la frontera Argelina, en las proximidades de Bordj-Mokhtar.

Continuará...

2 comentarios:

quemanía dijo...

Oh! Ha desaparecido el que pensaba releer...
Lo habré soñado??

Juan Carlos dijo...

No, no lo soñaste, pero desapareció por arte de magia a la llegada de un mensaje... es lo que tienen las nuevas tecnologías aplicadas a la impaciencia...