jueves, 11 de marzo de 2010

Mi guerra


No creía en la guerra.
Enarbolaba en mi mano siempre
una blanca bandera de la paz.
Hasta que me sentí asediado.

Hasta que una metralla de tu sonrisa
atravesó mi pecho.
Hasta que la punzante saeta de tu mirada
se hendió en mi corazón.

Sangraba, inerte.
Lloraba,
viendo como por mis heridas se fugaba
gran parte de mi vida.

Cómo la coraza que, con la paciencia
de un alquimista, había forjado
alrededor de mis sentimientos
se había resquebrajado.

Cómo el yelmo de mi conciencia,
que me resguardaba de viejos daños,
caía sobre el albero de un anfiteatro vacío
en el que solo tú y Atenea,
diosas del amor,
disfrutaban del espectáculo.

Dibujé un Guernica de corazones,
un 2 de mayo de flores,
y caí rendido como Botticelli,
al triunfo de Venus en Marte.

Postré mis grebas en tierra,
rasgué mi lóriga para dejar que me abatieras.

No mostré resistencia.

Y un susurro certero,
de tu dulce voz, letal,
cercenó mi brunia,
y se incrustó por siempre
en mis pensamientos.

2 comentarios:

Nerina Thomas dijo...

Qué amor este amor!!
Como pocos.
ünico, como todos.
Un amor auténtico.
Admiro tu forma, tu sentir, tu manera de plasmar el sentimiento.
Te abrazo bello amigo, es bello quien ama de esta manera.
Mi respeto y mi abrazo sincero

Ana dijo...

Me ha gustado mucho tu entrada :) espero que te pases por mi blog :D te echo de menos