sábado, 14 de julio de 2007

Crónica de un viaje

Comenzar en solitario un viaje tan largo, como el que separa Santiago de Compostela de Plasencia requiere una fueza mental y emotiva que no eché en mi maleta, pero que fue surgiendo kilómetro a kilómetro, como recurso de supervivencia, que se ahogaba por momentos y afloraba por segundos, a medida que se iban sucediendo la melancolía o el optimismo en las letras de Serrat y Sabina, banda sonora de un viaje incompleto, por la ausencia, la lluvia y el baile apagado de unas abejas que se empeñan en zumbar cuando saben que han dejado el tango por el charlestón.
Mis sentimientos seguían atados a una mano que los coge de un extremo, y va desmadejando, según se aleja, el ovillo de un corazón, que no sabe si podrá volver a componer su tejido o quedará desbaratado para siempre, y que hoy viste harapos, de un traje hecho a desmedida por un sastre con mejor voluntad que maña.
Según me alejaba sentía el punzar de la rueca, que rápida giraba, para deshacer la maraña, y tensar, de un lado la mano que aún la sostiene, y de otro las ganas de vivir y volver a ser quien fui, consciente, desde hace tiempo, de estar más cerca del segundo extremo que del primero, pero debía acercarme a aquel para encontrarlo, para encontrarme.

Las nubes viajaban conmigo desde la salida, en forma de dudas y lágrimas, que se fueron disipando a base de coraje, nublando el cielo al evaporarse y amenazando con volver a mi para vengarse, como finalmente harían. Si echas una lágrima enjuágala bien o regresará.

El viaje, que había comenzado como un reto a mi eterna soledad, se convertía ahora en una peregrinación hacia mi interior, buscando el halo vital que aparqué en el mes de abril y que hoy se pregunta quien me lo ha robado, como el maestro Joaquín. Consciente de que fui yo quien lo abandonó a su suerte. (En homenaje, el ochinillo de la foto lo comí en casa Joaquín, en la carretera de Zamora.)

Entre lágrimas mal enjuagadas, canciones al vacío e imprudentes gritos de socorro fui adentrándome en Galicia, tierra de meigas, misterios y recuerdos, que me devolverían a mi realidad, mi inoportuno optimismo y mi niñez. respectivamente.

De la banda sonora del viaje:

No hago otra cosa que pensar en ti...

Por halagarte y para que se sepa,

tomé papel y lapiz y esparcí

las prendas de tu amor sobre la mesa.

Buscaba una canción y me perdí

en un montón de palabras gastadas.

No hago otra cosa que pensar en ti

y no se me ocurre nada.

Enciendo un cigarrillo, y otro más...

Un día de estos he de plantearme

muy seriamente dejar de fumar,

con esa tos que me entra al levantarme...

Busqué, mirando al cielo, inspiración

y me quedé colgado en las alturas.

Por cierto, al techo no le iría nada mal

una capa de pintura.

Miré por la ventana y me fugué

con una niña que iba en bicicleta.

Me distrajo un vecino que también

no hacía más que rascarse la bragueta.

No hago otra cosa que pensar en ti...

Nada me gusta más que hacer canciones,

pero hoy las musas han "pasao" de mí.

Andarán de vacaciones.


8 comentarios:

niara dijo...

Cuando vi La Vida es Bella, comprendí que hay mucho por lo vivirla, y que si no se tienen ganas de vivir o se tiene miedo , se oculta para no asustar a los que te acmpañan en este viaje que es la vida y hay que aprovechar porque sólo hay una....¿no?... por si acaso no hay nada al otro lado:

-trabaja como si no necesitaras el dinero,
-baila como si nadie te estuviera mirando
-y ama como si nadie te hubiera herido.

Juan Carlos dijo...

Estoy convencido de que debemos exprimir la vida al máximo porque no hay nada después, pero a veces es imposible no asustar a los demás, no transmitirles tu desasosiego, o contagiarles el estado de melancolía o tristeza que te ha producido determinada situación, pensamiento, o experiencia.
Esos son los amigos, los que viven tus sarampiones emocionales, los que estornudan tus lágrimas, o los que se encierran contigo en una cuarentena sentimental.
Gracias por tus consejos, ves como sí sabías escribir...

Ah por cierto, yo trabajo sin pensar en el dinero, bailo a sabiendas de que miran y amo más cuanto más me hieren.

Anónimo dijo...

A veces intentamos huir de los problemas o de lo que nos causa dolor, y cuanto mas corremos, para alejarnos, mas nos adentramos en ese mar de dolor y sufrimiento, por nuestra cabeza pasa todo como un tren, que pasó y nos preguntamos por qué tubo que marcharse, o por qué apareció pero ya no hay vuelta atrás solo nos queda un vacio enorme y aunque creamos que nada ni nadie podrá llenarlo, estamos equivocados,porque el dolor y la alegria pasan como pasa la vida misma, y los buenos tiempos volverán, siempre vuelven, o quizás nunca se han ido simplemente pasan un pequeño bache, y vuelven a la normalidad, con el tiempo, que es el único remedio para curar las heridas que nos deja el amor y recuerda que cuando una puerta se cierra, otra se abre.
LUMI

Juan Carlos dijo...

Gracias Lumi por tu mensaje.

Tienes razón, la vida está llena de puertas, unas se abren, otras se cierran y siempre somos conscientes de que en ese desconcierto un día encontraremos la nuestra, la que nunca se cerrará porque se abrió expresamente para nosotros.

Pero es a veces, en el desconcierto de un portazo, cuando nos encontramos perdidos y necesitamos a alguien que, como tú hoy, venga a apagar el sonido rotundo de esa puerta que se cerró, por una mano o por el viento.

Son esas palabras de ánimo las que callan los ecos de ese portazo que resuena en tu cabeza y martillea tu corazón.

Pronto, una vez que vuelve el silencio, encontramos esas puertas que se abren, unas timidamente, otras de par en par. Yo me fío más de las que lo hacen con la cadena puesta y piden que enseñes la patita por debajo.

Un mandril dijo...

Admiro tu osadía, tu valor y tu coraje, aunque fui yo el primero en decirte que adelante, no sé si yo lo hubiera llegado hacer. Viajaste solo y te encontraste. Que fácil es dar consejos. Valientes cojones un motivo más para admirarte.

En montañas de basura,
en montañas de basura,
en montañas de basura,
en montañas de basura.

Ningún beso de cordura,
ningún beso de cordura,
ningún beso de cordura,
ningún beso de ...
Dios me tendrá que proteger.
¿Qué va a pasarme en esta vez?

¿Qué va a pasar si me entrego y no funciona?
¿Qué va a pasar si me tiro al barro ahora y sale mal?

¿Qué va a pasar si no puedo soportarlo?
¿Qué va a pasar si decido dar el paso y sale mal?
Aguantaré, podré escapar, podré volver.
Mi vida va a ser mejor de lo que fue.
¿Qué va a pasar si no lo es?

Dios me tendrá que proteger.
¿Qué va a pasar si no lo es?
Dios me tendrá que proteger.
¿Qué va a pasar si no lo es?

(Montañas de basura, LOS PLANETAS)

Escuchala hermanazo.

Anónimo dijo...

Creo que debía ser así. Cuando no se está seguro de las cosas es mejor no llevarlas a cabo. Las meigas se lo dijeron días antes de partir y las hizo caso. Pero no creo que le guste saber que ese sentimiento de tristeza es su causa, nadie debe hacer sentir asi a nadie y menos a las ciruelas que deben madurar al sol.
Los rayos volveran a quemar, aunque no sean los mismos, pero volveran a quemar

Juan Carlos dijo...

¿y cómo confiar a otros rayos la piel quemada? ¿cómo olvidar el calor que doraba la piel sin abrasarla? ¿cómo olvidar su fulgor, el brillo en la medida justa, la madurez precisa, el amanecer esperado, el triste ocaso?
¿cómo olvidar los brotes que despertaron en su tallo, el renacer en el barbecho, las espinas de sus flores?

Nadie tiene la culpa de la tristeza sino quien la siente. Este viaje era necesario y mi compañera de viaje me enseñó quien soy.

Juan Carlos dijo...

Para Mario, que no me toca nada y es mi hermano:

Gracias mandril por tus palabras siempre oportunas, por las de hoy en el blog y las del otro día en el correo.
No me siento valiente por haber hecho ese viaje en solitario, de momento simplemente me siento solo, aunque seáis muchos los que estáis ahí siempre, aún a tantos kilómetros como tú.

Espero que regreses pronto y que planifiquemos un gran final de verano. Si conseguí viajar en solitario hacerlo contigo y el Nica y Jose será toda una aventura.

Muy bien traída la canción de los Planetas, ahora mismo me la descargo. Por cierto, el viernes tenemos disco del desván... otro sueño caído... ¿será que este no es mi verano?