miércoles, 25 de julio de 2007

Que le de el aire

No sé si me estoy volviendo loco, pero la idea me ha parecido buena y voy a adoptarla y adaptarla. Como ya habréis comprendido no es una idea propia, sino copiada de un libro de Bolaño. Tampoco es suya, en su libro "2666", el profesor chileno Amalfitano la copia de Duchamp, supongo que será Marcel, el pintor, que se la recomienda a unos amigos recién casados. (Por cierto, un libro altamente recomendable)

La idea consiste en colgar un libro en el tendedero. Duchamp recomienda que sea un tratado de geometría y Amalfitano le hace caso a "pies juntillas". Yo sin embargo lo voy a hacer con mi diario, esa es mi contribución a esta idea.



El objetivo de colgar el libro en el tendedero es que aprenda de la vida. Que el contacto con la naturaleza le ofrezca esas dosis de realidad que a veces le falta a algo tan complejo como la geometría, en este caso.

Yo, sin embargo, creo que es a mi diario al que le falta esa dosis de realidad. No porque mienta en él, sino porque, en mi inconsciencia, me dejo llevar por ilusiones que me apartan del mundo real y me sumen en interpretaciones subjetivas que confunden mis sentimientos y me arrastran a un vacío personal sin identidad, sino en mi mundo particular.

En su tendedero mi diario recibirá el rocío de la mañana, frío y húmedo, consciente de que no habrá nadie que lo seque y cobije, pero también el frescor de los vientos que soplen, en distintas direcciones, dejando arrastrar sus hojas con libertad y a su antojo.

En su tendedero mi diario encallecerá sus tapas para resistir las embestidas de las inclemencias meteorológicas, pero también recogerá en sus hojas el aroma del cesped recién segado, de las flores recién nacidas y del aire libre que baja de la sierra.

En su tendedero mi diario recibirá el castigo del árido sol de las siestas estivales, pero también la ténue luz de las estrellas en las tibias noches de primavera.

En su tendedero mi diario permitirá que el viento arranque viejas páginas a la vez que deja impregnadas nuevas fragancias en las que resistan.

Está decidido, que nadie se sorprenda si ve un libro colgando de mi ventana.

7 comentarios:

La ermanita pequeña dijo...

Acabo, por fin, de ponerme al día y ya estoy deseando volver a quedarme atras, porque eso significará que tengo cosas por leer aquí.
Mil besos y sigue sorprendiéndonos como tú sabes.

Juan Carlos dijo...

Todo un placer tenerte de nuevo por la caverna, ermanita.
Espero que las musas vuelvan pronto y que cada día tengas algo nuevo pintarrajeado en las paredes de esta humilde cueva para leer.

JOSÉ MANUEL DÍEZ dijo...

Duhamp no sólo era pintor, JuanCar... sino inventor de ingenios (uno de los mejores del siglo XX).

No conocía esta anécdota de "los libros puestos a secar"... Gracias por mostrármela.

Un abrazo

Anónimo dijo...

bueno, soy anonima, porque me obliga este blog, porque ya sabes bien quien soy.
Yo colgaria, en vez de libros, a muchos escritores que publican porque tiene que haber de todo en el mundo.
Esto es un alzamiento por todos esos libros infumables (bueno algunos lo eran)que nos hacian leeer en el instituto.
Vaya, esto de llevar una camiseta con una ikurriña me hace sacar la vena rebelde.
Besos

Anónimo dijo...

yo otra vez:
claro esta, antes de colgarlos, habria que tirarles a un rio (pero con poca profundidad)

Anónimo dijo...

Gran libro, está bien el comentario

Princeslis dijo...

Maravilloso leerte.