lunes, 16 de julio de 2007

El viejo limonero


De niño, en este pequeño prado en medio del pueblo, reinaba un enorme limonero, vigilado constantemente por un huraño guardés, que no nos dejaba acercarnos.
Sin embargo, cuando el calor apretaba, o la rebeldía de la infancia afloraba, saltábamos en bandadas buscando el ácido fruto, más como recompensa a la osadía que como necesidad de refresco.

En un ataque estudiado, matemático y estratégico, cubriamos todos los flancos, sacrificando a veces unos azotes, para que otros recogiesen el triunfo, siempre en justa alternancia para que nadie recibiese más golpes que limones o viceversa.
Después, todos juntos, degustabamos el refrescante zumo, si alguna de nuestras madres nos perdonaba la fechoría y exprimía los recién conseguidos frutos, o mojábamos nuestros lábios en sus carnosos gajos, unos sentados, los vencedores, y otros de pie, los sacrificados de turno, cuyas posaderas escocían tanto como los limones pero con la misma dulzura del éxito.
Hoy el viejo limonero ha desaparecido. Tampoco juegan niños en el prado y no sé cuantos de aquellos que disfrutamos de sus frutos hemos regresado a verlo, sin encontrarlo. Pero en la memoria quedan aquellos momentos de éxito, de celebraciones y euforia por satisfacer sueños inmediatos. ¿Qué será de todos lo sueños a largo plazo que nos planteamos después, mientras bebiamos su zumo?

2 comentarios:

un mandril dijo...

Ya no va a ser como antes pero...
¿por qué no vamos a robar limones?
Que bonito recuerdo, queda pendiente.

Juan Carlos dijo...

Queda pendiente, busca un limonero que cuando vengas lo expoliamos.

Invito a zumo.

(y me ahorro un post sobre cuando robaba melones y sandías en Guareña o uvas en Portugal porque te veo venir y nos tiramos todo el verano de "garulla" y terminamos montando una frutería)